Luego aquel joven me tomó de la mano y rápidamente subió las escaleras,
arrastrándome con él. Subimos muy rápido, hasta el segundo piso de la casa,
abrió una puerta que conducía a un enorme pasillo, caminamos por un buen
tiempo hasta un cuarto, todo era blanco en ese lugar, el suelo, las paredes,
las cortinas, las ventanas, la cama, el sofá y el baño, era como una especie de
cuarto privado; el muchacho tomó fuerte de mi muñeca y me sentó en el
sofá de aquel cuarto, estaba un poco inquieta, no sabía quién era ni que
quería, pero de mi boca no salió ni una sola palabra, luego el comenzó a
hablarme.
Empezó a decir que padecía de pentalogía de cantrell, por ese motivo su
corazón estaba fuera de su caja toráxica y procedió a desabotonar su
camisa, me mostró todo su pecho como prueba de lo que decía y para mi
sorpresa era cierto, continuó diciendo
que había sufrido de bulimia y
anorexia por algunos años pero que un día algo diferente pasó, dijo que
estaba muy mal emocional y físicamente y que había decidido terminar con
todo, pero me había visto y escuchó lo que había dicho; de la nada todo
quedó silencioso, como si le hubieran bajado por completo el volumen al
televisor y empezó la velocidad de la situación a disminuir, miré a mi
alrededor, estaba nerviosa, no sabía qué hacer, pero solo me afectaba a mí
porque el muchacho no mostró ninguna sorpresa, y entonces volvió, el sonido
volvió.
Cuando me volví hacia él, sus manos me habían encerrado contra el sillón
dejando así ninguna escapatoria; mi corazón palpitaba con mucha fuerza,
como si se fuera a salir de mi pecho; luego el comenzó a acercar lentamente
su rostro hacia el mío, intentando como en las novelas darme un beso, así
que cerré mis ojos y esperé, en cuestión de segundos pude sentir sus suaves