labios unirse con los míos y con él un escalofrió pasar por mi cuerpo. Al abrir
mis ojos me encontré con el rostro sonriente del joven, causándome una
sensación agradable, entonces me levanté del sillón y él me tomó de la mano,
empezó a darme un pequeño recorrido por toda la casa y a contarme un poco
de su historia, al cabo de unos minutos entendí que ese lugar tan pacifico
era un acilo para la gente mayor, en realidad no le di importancia y olvidé
que, allí ya no estaba mi casa.
Sin darme cuenta, estábamos en la terraza de la casa; había muchas sabanas
extendidas, volviéndose como un juego pasear entre ellas, cuando llegué al final de
la plancha, me asomé por la baranda y visualicé el lejano piso, cuando me di vuelta
estaba el muchacho detrás de mí y mi novio también, los dos me miraron fijamente
y preguntaron- ¿Quién es él?- un poco desconcertada miré al suelo y no respondí,
luego entre ellos mismo empezaron a hablar y a descubrir quién era quien, al rato
me miraron y exigían una respuesta, uno con lágrimas me decía que si era verdad
que lo amaba a él, el otro me decía que no podía vivir sin mí y yo solo pensaba que
no quería estar ahí, que era demasiado ilógico que dos personas se fijarán en mí y
que era un poco egocéntrico; preguntaron de nuevo-¿a quién eliges?-no quería
hacerle daño a ninguno de los dos y era muy difícil para mí tomar una decisión,
como siempre me pasa. Entonces me llené de valor, levanté la mirada, los miré a los
dos…y salté, salté del tercer piso de un acilo.
Un pequeño brinco inconsciente de mi cuerpo me despertó de un largo y profundo
sueño, sentí como una pequeña gota fría se escurría por mi mejilla hasta golpear en
la cama, me senté, limpié las lágrimas de mis ojos y me dispuse a comenzar el día.
Autor: Quimera