Mi primera vez
Una idea recurrente rondaba por mi cabeza mientras disfrutaba alegremente ¡qué no se acabe la noche! Podría haber sido un mal sueño, pero, aunque sonriera, sentía una preocupación muy íntima que iba a tener que resolver apenas acabara la fiesta. Hubiese preferido que la noche fuese eterna y no pensar en la hora de la verdad que me llenaba de miedo.
Había sido mi primera vez. De poco nos sirvió la clase de educación sexual en el instituto, muchas de mis amigas empezaron a tener relaciones desde muy pronto, unas por amor, otras por el deseo de tener un hijo con algún joven pandillero, algunas se habían quedado embarazadas, otras no.
Debí haber sido más difícil y no haber aceptado tener sexo con un chico con el que no tenía ni quería ningún compromiso. Mi madre casi se muere, lágrimas, reproches, decepción, y mi padre me golpeó feo cuando se enteró. Al chico ni siquiera le importó.
Mi sueño se había roto. Estaba a punto de iniciar un viaje para continuar mis estudios. No teníamos mucho dinero, pero mi padre movió muchos hilos para conseguirme una beca, había partido a otro país buscando oportunidades, deseaba que yo saliera de aquellos ambientes de pobreza y tuviese una buena educación.
Y, sin embargo, me echó de casa. Me fui a vivir con unos tíos, hermanos de mi madre, pero allí me miraban mal, me trataban como prostituta, mis primos me insultaban y me hacían proposiciones.
Mi vida diaria se transformó. Mi padre cortó toda relación conmigo. Fue duro. De repente me encontré sin futuro, sin hogar, sin afecto. Pero con el paso del tiempo me doy cuenta de la buena fortuna que tuve y le agradezco cada día por haber llegado a mi vida, porque soy la persona que soy ahora gracias a ella, y a todas las cosas que me han pasado a lo largo de la vida.