Abandoné a mi familia por ella. La conocí en aquella fiesta, enseguida me fijé en ella, una mirada suya y me olvidé de mi mujer, no me lo pensé y me acerqué. En un principio sólo era eso, una aventura de una noche de fiesta, una pequeña infidelidad, pero nos seguimos viendo después, cada vez con más frecuencia, hasta el punto de conocernos bien el uno al otro, y ahí es donde ahora me duele tanto lo que le hice a mi familia.
Resulta que ella no trabajaba, pero siempre se gastaba mucho dinero. Le pregunté y me dijo que se lo enviaba su padre, que vivía en el extranjero. Yo me lo quería creer porque lo único que deseaba era estar con ella y confiaba en todo lo que me decía.
Tuvimos varias discusiones por su padre. Yo quería conocerle y ella no quería hablarle de lo nuestro excusándose en que si se enteraba ya no le enviaría dinero y yo no ganaba lo suficiente como para darle sus gustos, eso me decía, pero tanto la deseaba que nunca me sentí ofendido.
Me molestaba que cuando venía su padre desaparecía durante varios días, sin saber nada de ella, al cabo del tiempo me acostumbré, después de todo era su padre, nada más, ni jamás pasaba en casa conmigo las vacaciones, me decía que iba a visitar a su madre. Siempre me decía que no quería que sus padres conocieran nuestra relación, porque estaban muy anticuados y no entenderían que su hijita viviera con un hombre bajo el mismo techo sin estar casados y necesitábamos el dinero de su padre, pues con el mío no había suficiente, me recordaba una y otra vez.
La verdad es que vivía con ella y, sin embargo, me di cuenta de que en realidad no la conocía. Se pasaba el día enganchada a su celular, aunque nunca le pregunté nada, me gustaba que tuviese su intimidad. Sin embargo, un mañana, mientras se tomaba un baño, vi su celular sobre la mesita del salón junto al sofá. No pude evitar curiosear. Encendí la grabadora. Ella misma me dijo que había grabado un concierto en una iglesia evangelista donde acababa de estar con su madre, y así fue como escuché sin saber todas esas benditas llamadas. Deseé que me tragase la tierra en ese mismo instante en que supe de esa manera de tantas infidelidades, y todas al mismo tiempo.
Su madre era en realidad una bien conocida santa beata de la localidad. Su padre era en realidad distinguido fiel de su piadosa parroquia, el que pagaba sus necesidades a cambio de su fidelidad, además de sus fieles particulares, con los que practicaba sus piadosos rezos, y todo eso en unos diez minutos de grabación, no quería pensar en cómo sería desde que vivíamos juntos
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Y lo peor es que yo había estado mantenido y ella me había hecho un montón de regalos con ese dinero, y pensar lo engañado que había estado desde el principio con el cuento de su padre que vivía en el extranjero y de su piadosa madre, y me preguntaba por qué vivía conmigo si yo no podía pagar sus lujos con mi miserable sueldo, y me da rabia pensar lo ciego que estuve y lo infeliz que debí hacer a mi familia y, sin embargo, tanto la deseaba que, cuando oí su dulce voz susurrándome desde el baño, desconecté el celular y lo dejé de nuevo sobre la mesilla.
Fieles