Desde, para y con el sentir Comofueradecasaenningúnsitio_TEASER | Seite 29

Como fuera de casa en ningún sitio 29 y relatos: marinos, aventureros y curiosos. El otro es el que se queda en casa recogiendo recuerdos y transmitiéndolos. A veces convergen. John Berger nos advierte. La fiction se inventó en el siglo XIX, cuando la gente pasaba largas veladas junto al fuego con- tándose historias. Antes del siglo XIX, la vida era más seden- taria y los relatos se alimentaban del miedo a lo desconocido y de las proezas legendarias que cantaban o contaban juglares y vates itinerantes. La historia suele estar escrita por hombres. Como en tantas facetas de la vida, las mujeres han estado ocultas. Jane Robin- son compendia cuatrocientas mujeres escritoras de viajes solo en Inglaterra. En la Edad Media, las heterodoxas eran santas, putas o brujas. Los hombres necesitan contar hazañas y darse valor descu- briendo ríos o desiertos. Hasta hace relativamente poco tiem- po, una mujer viajera, y además sola, era un hecho inusual; solo era concebible si el propósito era acompañar al marido o familiar. Una mujer sola en tierra ignota no despierta animad- versión, no viene a conquistar, a imponer, a pelear. Provoca, eso sí, extrañeza y curiosidad, pero eso le permite llegar más allá que sus congéneres masculinos. No provoca miedo. La relación de mujeres viajeras, al no tener el foco y no pretender demostrarlo, era opacada por los hombres. Mujeres viajeras y atrevidas ha habido siempre, pero ante- riores al siglo XVIII son difíciles de datar. Cristina Morató ha recogido multitud de datos que desbro- zan su existencia. El primer libro de viajes español lo escribió en latín Egenia, en el siglo IV.