Desde, para y con el sentir Comofueradecasaenningúnsitio_TEASER | Seite 27

Como fuera de casa en ningún sitio 27 ché de lo español por antonomasia, que era un destilado de andaluz pinturero y patibulario. De escritores que se extrañan de que los bandoleros no les asaltaran, como dijo Washington Irving, a cantaores de flamenco en catalán, según consta en Mérimée, o vendedores de biblias como don Jorgito Borrow, o gitanas con navaja o viandantes toreros o fatalismo sanguinolento en un país pacato y frailuno abrazado a la Contrarreforma, el mal gobierno y la falta de ilustración. Ese país que hizo exclamar a Josep Pla que para regenerarse debía abandonar la ingesta de tocino y gar- banzos y no considerar enemigo al que no piensa igual que tú. De todos ellos, orgiásticamente displicentes, salvo a dos: el norteamericano George Ticknor, que escribe de los españo- les: «Tienen una superioridad instintiva que los aleja de ser serviles». Y el burlador Giacomo Casanova, que encuentra en el fan- dango «desde el inicio del deseo hasta el momento del éxtasis». El continente propicio por lo ajeno es África: el virus que inocula en sus visitantes fermenta y se convierte en un sueño y en una obsesión. Livingstone fue el primer europeo en cruzar África en toda su extensión. Ejemplo de explorador modélico y multidiscipli- nar. Su corazón reposa en Bagamoyo (Tanzania); su cadáver, en la abadía de Westminster. Muchos aventureros y exploradores fracasaron, y eso exa- cerbó aún más su carácter mítico. Todo estaba por descubrir en África, sus ríos y sus cascadas y sus montes y sus desiertos y sus selvas jamás holladas. Incluso sus habitantes: los europeos creían que el africano tenía que pertenecer a una tribu. En vista de ello, los africanos crearon tribus para poder pertenecer a ellas. Lo que vino a continuación era previsible.