Desde, para y con el sentir Comofueradecasaenningúnsitio_TEASER | Page 24
24
Javier López
ferrocarril. Es el medio viajero por excelencia y donde mejor
se manifiesta la noción de movimiento. Viajar morosamente
camino de un lugar nuevo pudiendo desplazarse, comentar
con otros viajeros, comer y beber, leer y escribir, hace que
la literatura de viajes se aclimate al tren como un guante. El
tren permite viajar y vivir a la vez, permite la sociabilidad y la
indagación, no exentas de comodidad. Dado que buena parte
de los literatos de viajes eran gente dotada económicamente,
el tren era su medio ideal.
Apenas hay literatura de viajes referida al avión, salvo para
derivar en catástrofes, secuestros o retrasos. Diríase que no hay
intermedio ni preámbulos; solo hay destinos escritos en un
panel luminoso. Nada hay menos emotivo que un aeropuerto.
Tampoco el autobús facilita el relato; constriñe al viajero
con incomodidad y uno está deseando llegar, siempre cansado,
sucio y hambriento.
El barco es otra vertiente venturosa del relato viajero desde
antiguo. A golpe de remo, a vela en todas sus variantes o con
tracción mecánica, es un sumidero de destinos abiertos que
no se acaban nunca porque el mar no permite colonización
de ningún tipo; el mar es salvaje e impredecible y no puede
ser domeñado, por lo tanto, adentrarse en él es internarse en
lo desconocido.
Caminar a pie es la manera sempiterna de moverse: len-
tamente recorremos paisajes y nos da tiempo a sopesar de
manera reflexiva cuanto somos y adónde vamos.
Caminar es el origen de todo, es un proceso de purifica-
ción. Peregrinos que buscan su dimensión espiritual o gente
que escapa o que busca. Siempre forasteros y extranjeros de sí
mismos. Iluminados, bandidos, conquistadores. Wordsworth,
Whitman, Twain, Rousseau y Rimbaud fueron eminentes
caminantes.