Desde, para y con el sentir Comofueradecasaenningúnsitio_TEASER | Page 21
Como fuera de casa en ningún sitio
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Él, que llegaba varias horas antes a la estación, por el temor
a perder el tren.
O su discípulo Carl Jung, habitante en Trieste, que res-
pondió a Joyce cuando este le interpeló por el abismo de su
hermana: «Donde usted nada ella se hunde», para referirse a
la vida como una singladura frente al naufragio.
Desde un ámbito espiritual o metafísico, Buda equipara la
vida a un viaje: «No puedes transitar el camino hasta haberte
convertido tú mismo en el camino».
Por último, el gran Antonio Machado abunda en lo mismo:
«Caminante no hay camino, se hace camino al andar».
La nómina de autores que ha escrito literatura de viajes es
inmensa. Puede decirse que los primeros textos reflejan esa
voluntad de salir de nuestro ámbito más próximo. No haremos
un inventario, por demás prolífico e inacabable.
Pero no me resisto a citar como ejemplo maravilloso a dos
escritores de viajes sedentarios.
John Mandeville, en el siglo XIV, jamás salió de Inglaterra.
Su libro de viajes está plagado de canibalismos literarios con
leyendas, invenciones y fantasías deliciosas y espeluznantes.
El otro, más reciente, cómo no, Julio Verme. Documentado
e imaginativo, viajó a la Luna y al fondo del mar y rodeó la
tierra en 80 días. Su obra permanece vigorosa y fresca.
Para sentir la nostalgia del hogar hay que salir afuera, nos
advierte H. C. Andersen: «La nostalgia del hogar es un senti-
miento del que muchos saben y se quejan; yo, por el contrario,
sufro de un dolor menos conocido, y su nombre es nostalgia
del afuera».
El viaje es un estado mental. No tiene necesariamente
que ver con lo existencial o lo exótico. Casi en su totalidad,
supone una experiencia interior, y para ello casi es necesario
viajar solo.