DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 516
Salvador Borrego
inmolaron 6,550 muchachos, de un total de 7,000 cuyas edades eran de 14 a 18 años. El
regimiento selecto Leibstandarte Adolfo Hitler también se consumía entre las ruinas
tratando de salvar a la ciudad.
Ese día 28 de abril, los soviéticos abrieron varias brechas en las defensas de Berlín; El
jefe de la propaganda bolchevique, o sea el israelita llya Ehrenburg, lanzó la siguiente orden
del día al Ejército Rojo: "Los soldados rojos arden como si fueran de paja, para hacer de los
alemanes y de su Capital una tea encendida de su venganza... Para vosotros, soldados rojos,
la hora de la venganza ha sonado... Desgarrad con brío el orgullo de las mujeres ger-
mánicas; tomadlas como botín legítimo. ¡Matad, bravos y aguerridos soldados del ejército
rojo"...
El mando soviético dio manos libres a sus tropas para que celebraran del modo que
quisieran su entrada en Alemania, lo cual dio origen a los más terribles excesos. El capellán
norteamericano Francisco Samson, que se hallaba en Berlín, refiere que "soldados rojos, en
su mayoría con rostros asiáticos, daban la impresión de estar enloquecidos y disparaban en
todas direcciones. Habían recibido una ración especial de vodka". Agrega que por todas
partes asaltaban a los civiles, los robaban o los asesinaban; la suerte de las jóvenes era
infernal y muchas terminaban siendo muertas: incluso vio "a una colgada de los pies a quien
se le había abierto el vientre; algunos compañeros me habían informado ya de esto, pero no
les había creído...
Cuando llegamos a donde un par de días antes se encontraba la hermosa ciudad de
Neubrandenburgo, me pareció como si contemplase el fin del mundo y el juicio final". Ya
fuera porque realmente tuviera esperanzas o por infundir ánimo (a quienes lo
acompañaban, todavía el día 28 Hitler habló optimista de los esfuerzos que con seguridad
realizaba el general Wenclc para romper el sitio de Berlín.
Se paseaba de un lado a otro —dice Hanna Reitsch— agitando un mapa que
rápidamente estaba deshaciendo con el sudor de sus manos, planeando la campaña de
Wenck con cualquiera que estuviera escuchando. Cuando se sobreexcitaba arrebataba el
mapa de donde se encontrara y con pasos rápidos y nerviosos se paseaba de uno a otro
lado". Hablaba de lo que debería hacer Wenck, diestro veterano de toda la campaña de la
URSS. Hitler ignoraba en esos momentos que las tropas de Wenck ya habían sido
aniquiladas.
Teóricamente el 12º ejército constaba de 12 nuevas divisiones, pero en realidad sólo
disponía de 3 (integradas con unidades del Servicio de Trabajo y con alumnos de escuelas
de oficiales), más los restos de otras divisiones. Wenck no llegaría jamás... "Haciendo gala
de una determinación brutal y sin importarle las tremendas pérdidas que sufría —dice el
capitán A. Musmanno—, Wenck logró aproximarse a 12 kilómetros de Postdam". Y es que
al recuperar algunos poblados se enteró del festín de crueldad que los rojos se habían dado
con la población civil y esto lo movió a lanzar rabiosos ataques con todo lo que le restaba.
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