DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 515

DERROTA MUNDIAL madre alemana que es "un firme pilar de honor sobre el cual se ha creado el nacionalsocialismo y fundado la Patria alemana". Los seis hijos de Goebbels eran el único toque de auténtica alegría, sólo posible por la inocencia. Sonreían al Führer siempre que éste pasaba delante de ellos. Sus padres habían resuelto que murieran junto con todos para ahorrarles los tormentos y las ignominias a que hubieran sido sujetos en caso de ser capturados por los soviéticos, quienes en la parte Oriental de Alemania cometían ya los más brutales excesos y hasta inculcaban odio de los pequeños contra sus padres. "Mis hijos —escribió la señora Goebbels a su hijo mayor que se hallaba prisionero en Occidente— son demasiado preciosos para la vida que vendrá después. Un Dios lleno de piedad me comprenderá cuando yo misma ayude a darles muerte misericordiosa". El día 27 la aviadora Hanna procuraba hacer felices los últimos días de los niños contándoles cuentos y relatándoles los lugares en que había estado y los países que había visto. La señora Goebbels le dába las gracias por estas atenciones. Entretanto, Eva procuraba mantener todo limpio, cuidaba de su arreglo personal y trataba de brindarle ciertas comodidades a Hitler. En su presencia era amable y optimista, pero en compañía de otras personas mostraba su tristeza o su indignación contra los que traicionaban al Führer. El general Fegelein, de las tropas selectas, casado con una hermana de Eva, había desertado el día 25 vestido de civil. El día 27 fue capturado y llevado a la presencia de Hitler, quien personalmente le arrancó sus condecoraciones y distintivos, en tanto que Fegelein, pálido, permanecía firme. En la hebilla de su cinturón la divisa de las tropas SS decía: "Mi honor quiere decir fidelidad". Al día siguiente, ya ante el pelotón de ejecución, Fegelein pidió al oficial de la escolta que le permitiera enviarle un recado a Eva, suplicándole que intercediera por él. Mientras regresaba la respuesta, fumaba nerviosamente. Eva mandó decirle: "No puedo hacer nada por usted". Una descarga sonaba segundos después. Martín Bormann, secretario de Hitler y del Partido Nacionalsocialista, cuidaba de los archivos y hacía anotaciones sobre todo lo ocurrido en la Cancillería. En momentos todavía tenía esperanzas. En una carta dirigida a su esposa, el 2 de abril, le había dicho: "Confío en que la producción de cazas planeada por el Dr. Kammler lo será en escala suficiente y que los resultados... Si es que no llegan demasiado tarde... serán decisivos". Pero también veía aproximarse el fin y agregaba: "Si estamos destinados, al igual que los viejos Nibelungos, a morir en la antesala del rey Atila, iremos orgullosos a la muerte y con la cabeza bien alta". Los días 25, 26, 27 y 28 los regimientos de las juventudes hitleristas combatieron encarnizadamente en los suburbios de Berlín rechazando una y otra vez las embestidas bolcheviques. Principalmente sostuvieron los puentes del Wannsee y del Havel, con la esperanza de que llegara el 12º ejército del general Wenck. En el puente del Havel se 515