DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Seite 514

Salvador Borrego honor. No hay desengaño que no haya sentido ni traición que no haya experimentado. Y ahora esto sobre todo lo demás. Nada me queda; ya se me ha hecho todo mal". Von Greim había sido llamado para nombrársele sucesor de Goering. "En nombre del pueblo alemán —le dijo Hitler— aquí está mi mano". La aviadora Hanna insistió entonces para que el Führer se pusiera a salvo. "No, Hanna, si muero será por el honor de nuestro país y porque como soldado debo obedecer mis propias órdenes de defender Berlín hasta lo último. Mi querida niña: yo no me lo proponía de esta manera. Yo creí firmemente que Berlín se salvaría a orillas del Oder. Todo se ha movido para sostener esas posiciones. Puede usted creer que cuando fracasaron nuestros mejores esfuerzos, yo fui el más aferrado de todos. Y luego, cuando el cerco de la ciudad comenzó, el conocimiento de que había todavía tres millones de mis connacionales en Berlín ha hecho necesario que me quede para defenderlos. "Al quedarme —agregó—, he creído que todas las tropas del país seguirían el ejemplo y vendrían en auxilio de la ciudad. Había esperado que surgieran en esfuerzo sobrehumano... Pero, Hanna mía, todavía tengo esperanzas. El ejército del general Wenck se moviliza por el sur. Debe, y lo logrará, rechazar a los rusos haciéndolos replegarse lo suficiente para salvar a nuestro pueblo". Según Hanna, Hitler parecía creer en esa posibilidad mientras daba vueltas por la habitación con pasos rápidos y firmes con las manos por detrás retorciendo los dedos. Hitler era un fanático de que la resistencia a ultranza forja milagros si se le prolonga más allá de lo que la técnica militar aconseja. En esto coincidía con Clausewitz, maestro de la estrategia a principios del siglo pasado, quien decía que de haber un país en que todas las ciudades y aldeas fueran defendidas fanáticamente por sus habitantes, el talento y la fuerza del enemigo se reducirían a la nada. Sin embargo, para lograr esa resolución inquebrantable de la masa civil se haría necesaria previamente una prolongada y fanática educación. En Rusia es lo que se ha venido haciendo, y en Alemania el movimiento nazi sólo tuvo tiempo de lograrlo con la juventud hitlerista. Desde la noche del 25 de abril el bombardeó aéreo de los rusos y los aliados se concentró sobre la Cancillería. A pesar de las bombas, Hitler salía a veces al jardín y amenazaba con los puños a los aviones aliados que surcaban el cielo. En una de esas ocasiones dijo a sus soldados de las fuerzas selectas (SS), de guardia en la Cancillería: "Llegará un día en que el mundo lamentará no habernos sostenido contra los judíos y los comunistas. Perderán todo maldiciendo a Churchill, el mayor enemigo de la humanidad". Entretanto, de cuando en cuando la esposa de Goebbels lloraba, aunque en presencia de sus hijos procuraba parecer serena y alegre. La mayor parte del día la pasaba arreglando la ropa de los niños, que sólo tenían la que llevaban puesta. En presencia de todos los ocupantes del refugio, Hitler presentó a la señora Goebbels como un ejemplo de 514