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DERROTA MUNDIAL
levantar el sitio soviético. Arrostrando un fuego infernal de miles de bombarderos, Wenck
se lanzó contra el frente del Este. Por algún tiempo logró avanzar a muy alto costo.
En el curso del día 23 el teniente coronel Baerenfaenger, procedente de las
juventudes hitleristas, fue encargado de la defensa de Berlín.
En los puestos de socorro escaseaban los medicamentos y ya no había anestésicos.
Difícilmente se conseguía agua. Tres cuartas partes de la ciudad eran ruinas y las bombas y
las granadas removían los escombros. Una nube de ceniza, polvo y chispas oscurecían el
sol.
Entretanto, en Luebeck, el jefe de la Gestapo, Himmler, conferenciaba con el
conde sueco Bernadotte y proponía a Inglaterra y EE.UU la rendición de Alemania en
el Oeste, pero prosiguiendo la lucha en el Este para rechazar de Europa el avance
bolchevique. Truman y Churchill dieron un "no" terminante.
El día 24 despuntó con un fuego infernal de la artillería soviética, seguido de una
ofensiva de tanques. Hitler le envió un mensaje de aliento a Mussolini, quien se preparaba a
salir de Italia para buscar refugio en Suiza. Al insinuarle que todavía podía seguir luchando,
le decía: "La batalla de la que depende nuestra existencia espera su punto culminante".
Aunque veía claramente la situación, Hitler todavía no daba por concluida la lucha. En esa
misma fecha pidió a su piloto Bauer que le llevara cañones antitanque en avión. Los restos
impotentes de la división "Muencheberg" veían que los soviéticos asaban con lanzallamas las
casas de que se iban apoderando. "Es terrible —refería un oficial— el grito de las mujeres y
los niños. Hay en las calles mujeres que llevan granadas antitanque, mujeres llenas de
salvaje sed de venganza. Los heridos yacen donde cayeron; hay muertos por todas partes y a
muchos se les ve aplastados por tanques y camiones y horriblemente mutilados".
El mismo día 24 Hitler se enteró de que Goering realizaba gestiones ante los
angloamericanos a efecto de concertar la capitulación de Alemania, si bien solamente ante
ellos y no ante Rusia. A la vez Goering dirigió un mensaje a Hitler poniéndole un plazo
para que le entregara el poder, y esto lo enfureció. Inmediatamente mandó llamar al
general Ritter von Greim, de la Luftwaffe, "para un asunto urgente".
Al oscurecer el 26 de abril el general Von Greim, en un avión co-piloteado por la
aviatriz y capitán Hanna Reitsch, aterrizó en una avenida de Berlín después de eludir la
persecución de varios aparatos soviéticos. El general había resultado herido y se le condujo
a la enfermería del refugio. Hitler entró enseguida "radiante de gratitud" por la llegada de
Von Greim.
"¡Un ultimátum! jUn ultimátum burdo! —Exclamó comentando lo de Goering—; ahora
nada me queda, nada se me ha evitado. Ninguna alianza se cumple, no se conserva el
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