DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 512
Salvador Borrego
A las 4.30 de la tarde (día 22) Hitler reunió a su Estado Mayor para comunicarle que
él permanecería en Berlín hasta lo último; a la vez ordenó el mariscal Keitel, jefe del Alto
Mando; al general Jodl, jefe del Estado Mayor del mismo; a Bormann y a otros
funcionarios que salieran de la capital. Bormann replicó: "Esta es la primera vez que os
desobedezco".
Keitel también dijo que permanecería ahí, mas Hitler repitió varias veces su orden y
entonces Keitel y otros jefes salieron de la Cancillería y se trasladaron a la región de
Hamburgo. Sin embargo, Bormann, Goebbels y algunos permanecieron al lado de Hitler.
"Su estado de ánimo —dice un documento oficial británico— parecía haber mejorado
considerablemente. Ya no se le vio lleno de ira contra los que él suponía culpables de la
derrota de Alemania. Todavía tenía hondos resentimientos durante el transcurso de los
cuales recordaba las traiciones y descubría nuevas. Pero excepto el temblor de las manos,
malestar que había padecido desde hacía tiempo, era un hombre enteramente normal y
sereno".
El día 23 el Ministro de Armamentos, Speer, visitó a Hitler y le confesó que semanas
atrás había pensado envenenarlo, al creer erróneamente que así se lograría una paz
razonable con Occidente. Hitler pareció no dar importancia a esa revelación. Speer trató
entonces de convencerlo de que abandonara la Cancillería en busca de un lugar más
seguro. "Mi amigo, éste es el fin. No diga más", repuso el Führer. Speer refiere que ese día
Hitler tenía una profunda paz interior y que parecía aguardar "la muerte como una
liberación, luego de una vida dura preñada de dificultades". Otros coinciden igualmente en
que para ese día se había suavizado ya mucho su salvaje rebeldía contra la adversidad.
El mismo día 23, Hitler ordenó a su Ministro de Relaciones, Von Ribbentrop, que
saliera de Berlín. Lo despidió diciéndole: "Mi espíritu se levantará de mi tumba y se verá
que yo tenía razón". Reafirmó una vez más su invariable actitud antibolchevique de 26
años de lucha, y encargó a Von Ribbentrop que transmitiera a Inglaterra una excitativa
para llegar a una amistad germanoinglesa "como una necesidad fundamental para ambos
países a la larga". Agregó que lamentaba la guerra con Estados Unidos; nunca había
querido entrar en conflicto con Occidente y todos sus esfuerzos se encaminaban a abatir al
bolchevismo.
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Al salir de la Cancillería el mariscal Keitel y el general Jodl ordenaron que el general
Wenck, comandante del 12º ejército alemán en formación, deshiciera el contacto con los
angloamericanos en el frente occidental y dando media vuelta avanzara hacia Berlín para
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Von Ribbentrop asi lo transmitió a los aliados en Nuremberg, meses antes de que lo ahorcaran.
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