DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 511

DERROTA MUNDIAL ajustarme a mis propias órdenes”... Dirigiéndose al mariscal Keitel y a Bormann dijo: "No abandonaré nunca a Berlín... ¡Nunca!" La unión del jefe con sus tropas, hasta la muerte misma, es un caso muy rara vez observado en la Historia. Desde Leónidas en las Termopilas no había vuelto a repetirse hasta la Cancillería de Berlín. Generalmente el jefe de un Estado vencido dimite o se va al destierro; la unión parece siempre firme bajo los albores de la victoria, pero se esfuma impalpable en las sombrías horas de la derrota. Con Hitler no ocurrió así. Cuando nueve años antes de su última batalla celebraba el plebiscito que le dio poderes plenos dijo a sus soldados el 30 de enero de 1936: "Yo fundé las tropas de asalto y marché al frente de sus columnas. Aprendí a conoceros. Sé todo lo que sois y en todo lo que yo me he convertido por vosotros. En la historia, ningún otro jefe está unido a sus partidarios como nosotros. Juntos recorrimos el camino desde la nada hasta esta orgullosa altura"... Y cuando juntos, tropas y Führer, llegaron en dura prueba hasta las ruinas de Berlín, esa confraternidad no se rompió. Ese mismo día 22 (abril de 1945) Hitler decidió que moriría ahí, en la Cancillería, junto a sus soldados del frente del Oriente, y desistió en definitiva de un antiguo plan para trasladarse a las montañas de Berchtesgaden. Al parecer, el Ministro Goebbels y Eva Braun fueron los únicos Eva Braun. “Mi Fuehrer: ha llegado el fin”… que lo alentaron en su propósito. Se dice que Eva comentó: "Mi Führer: ha llegado el fin"... Entretanto Hitler seguía trabajando, estudiando mapas, dando órdenes. "Sostenía un tren de actividad que hubiera matado a un rinoceronte", dijo después su médico Stumpfegger, quien diariamente le suministraba preparados de estricnina y belladona contra los espasmos intestinales. "Nadie se permitía pensar en el último momento... La influencia de Hitle r sobre los que lo rodeábamos fue decisiva hasta el final", declaró el mayor Freytag von Loringhoven. Sin embargo, añade, "todos hablaban del subterráneo como de un panteón, porque se consideraban a sí mismos como cadáveres vivientes que ya no saldrían de allí". 511