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DERROTA MUNDIAL
ajustarme a mis propias órdenes”... Dirigiéndose al mariscal Keitel y a Bormann dijo: "No
abandonaré nunca a Berlín... ¡Nunca!"
La unión del jefe con sus tropas, hasta la muerte misma, es un caso muy rara vez
observado en la Historia. Desde Leónidas en las Termopilas no había vuelto a repetirse
hasta la Cancillería de Berlín. Generalmente el jefe de un Estado vencido dimite o se va al
destierro; la unión parece siempre firme bajo los albores de la victoria, pero se esfuma
impalpable en las sombrías horas de la derrota.
Con Hitler no ocurrió así. Cuando nueve años antes de su última batalla celebraba el
plebiscito que le dio poderes plenos dijo a sus soldados el 30 de enero de 1936: "Yo fundé
las tropas de asalto y marché al frente de sus columnas. Aprendí a conoceros. Sé todo lo
que sois y en todo lo que yo me he convertido por vosotros.
En la historia, ningún otro jefe está
unido a sus partidarios como nosotros.
Juntos recorrimos el camino desde la
nada hasta esta orgullosa altura"... Y
cuando juntos, tropas y Führer, llegaron
en dura prueba hasta las ruinas de
Berlín, esa confraternidad no se
rompió. Ese mismo día 22 (abril de
1945) Hitler decidió que moriría ahí, en
la Cancillería, junto a sus soldados del
frente del Oriente, y desistió en
definitiva de un antiguo plan para
trasladarse a las montañas de
Berchtesgaden. Al parecer, el Ministro
Goebbels y Eva Braun fueron los únicos
Eva Braun. “Mi Fuehrer: ha llegado el fin”…
que lo alentaron en su propósito. Se
dice que Eva comentó: "Mi Führer: ha
llegado el fin"... Entretanto Hitler seguía trabajando, estudiando mapas, dando órdenes.
"Sostenía un tren de actividad que hubiera matado a un rinoceronte", dijo después su
médico Stumpfegger, quien diariamente le suministraba preparados de estricnina y
belladona contra los espasmos intestinales.
"Nadie se permitía pensar en el último momento... La influencia de Hitle r sobre los
que lo rodeábamos fue decisiva hasta el final", declaró el mayor Freytag von Loringhoven.
Sin embargo, añade, "todos hablaban del subterráneo como de un panteón, porque se
consideraban a sí mismos como cadáveres vivientes que ya no saldrían de allí".
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