DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 508

Salvador Borrego Británico; la versión aprobada por el magistrado Robert H. Jackson, fiscal americano en Nuremberg, acerca del interrogatorio que el capitán Robert E. Work hizo a la aviatriz capitán Hanna Reitsch, de la Luftwaffe; el relato de Matthew Maltón, de la Central Broadcasting Corporation, basado en documentos ingleses, y las declaraciones aisladas de diversos supervivientes de la caída de Berlín). En el jardín de la Cancillería, grandes cráteres y árboles caídos evidenciaban la rudeza de los bombardeos. Del jardín de invierno y del hall sólo quedaban algunas paredes ahumadas. Un carro-tanque suministraba una ración diaria de agua para los usos más indispensables. El interior del refugio era alumbrado por velas; el polvo cubría frecuen- temente los muebles. Fuera, en la ciudad, el aspecto no era menos desolador. No había manzana sin ruinas y los incendios ardían por diversos rumbos. La mayor parte de la población, junto con los heridos militares y civiles, vivía en el ferrocarril subterráneo. La ración de víveres había descendido a 1,400 calorías, siendo que el mínimo para subsistir es de 1,800. Había hambre, pero la disciplina y el sentido cívico obraban el milagro de impedir la especulación y los favoritismos. Las bajas del ejército alemán se aproximaban a dos millones de muertos, además de medio millón de civiles aniquilados por los bombardeos aéreos. Hitler aún tenía fe en que las espantosas bajas sufridas por el ejército rojo y la terminación de las nuevas armas alemanas podrían cambiar la situación. Posteriormente el coronel Kalinov, del Estado Mayor del Cuartel General soviético en el área de Berlín, precisó que la URSS había tenido un total de once millones de muertos en el frente. Incluyendo sus prisioneros y sus heridos graves, las bajas totales eran de más de veinte millones. Algo jamás imaginado. El peluquero personal del Führer, August Wollenhanhaupt —posteriormente capturado en Vilshofen— refirió que el 10 de abril Hitler conversó con él y todavía le dijo que ganaría la guerra, sus fuerzas de tierra y aire sufrían graves descalabros en todos los frentes —dijo—, pero la terminación de la bomba atómica era inminente. 201 El 12 de abril llegó la noticia de la repentina muerte de Roosevelt, y Hitler exclamó: "¡Hombres de poca fe! He aquí otra muestra de la bondad de la Providencia. Estoy seguro de que Roosevelt no quería morir antes que yo... Ahora, su muerte significa que los partidarios del aislamiento se harán cargo del poder de los Estados Unidos y que tendremos un enemigo menos". El día 16 los soviéticos descargaron su ofensiva en el frente del río Oder, a 60 kilómetros de Berlín, y se inició una furiosa batalla. En esos momentos 201 El Gral. Francisco Franco declaró: "los bombardeos angloamericanos rompieron a tiempo, a tiempo justo, el toque final de las bombas atómicas nazis. Hitler vivió con la certeza del triunfo". 508