DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 500
Salvador Borrego
de los motivos por los cuales no fui juzgado en Nuremberg es que pude demostrar que no
ejecuté algunas de las crueles órdenes de Hitler".
Evidentemente Hitler sentía la resistencia pasiva de sus comandantes, pues en los
fragmentos de su Diario Militar hay una anotación que dice: “Tengo una sola misión: dirigir
la lucha, porque sé que la guerra no puede ser ganada sin mi voluntad de hierro. El pe-
simismo se ha extendido en el propio Estado Mayor... Rommel era un gran líder, pero
desafortunadamente (después del desplome en África) también un gran pesimista a la
menor dificultad. .. En Italia hizo lo peor que soldado alguno pueda hacer. Dijo que el
colapso era inminente. Ya no lo envié allá. Poco después los sucesos lo contradecían y yo
confirmaba mi idea de dejar a Kesselring en el mando de aquella zona. Kesselring es un
idealista político y un militar optimista. Y yo creo que nadie puede conducir una operación
militar sin optimismo".
(En otra ocasión dijo: "Mis cabellos grises no se los debo al enemigo sino a mis
generales, que me han fallado").
Este fue un punto de constante fricción entre Hitler y sus generales. Las cifras, las
abstracciones del Estado Mayor General decían una cosa, daban por perdida una situación
o consideraban irrealizable otra, en tanto que además de las cifras y las abstracciones, la
voluntad de Hitler colocaba valores imponderables del espíritu. Ambos puntos de vista
eran irreconciliables.
El profesional de la milicia trata de reducir la guerra a normas fijas, congeladas,
pragmáticas, que puedan tocarse con la mano, y se empeña en hacer de ella una ciencia
exacta, mas olvida que la guerra ha tenido siempre un algo inaprensible llamado "arte". En
la normal anormalidad del combate surgen por doquier situaciones que requieren más de
la intuición instantánea que del proceso lento de los cánones académicos. Hitler logró
muchas veces acreditar y demostrar esto, como en la campaña de Francia, que la mayoría
de los generales profesionales juzgaban punto menos que irrealizable; como el
sostenimiento del frente en Rusia durante el invierno de 1941; y como el sostenimiento del
frente en Italia cuando Italia traicionó la alianza con Alemania.
Pero aunque estas demostraciones calmaban de momento la hostilidad de los
generales, su recelo seguía acumulándose para estallar al primer tropiezo. En realidad
Hitler tuvo un constante forcejeo con el Estado Mayor General, que según su propia
expresión, le malgastó la mitad de sus energías. La posición de Hitler frente a varios de sus
comandantes era parecida a la del hipotético Zaratustra de Nietzsche: "¡Guardaos también
de los doctos, os odian porque son estériles! Tienen ojos fríos y secos, ante los cuales todo
pájaro aparece desplumado. La falta de fiebre dista mucho de ser conocimiento. Yo no
creo en los espíritus refrigerados... Son buenos relojes, siempre que se tenga cu idado de
darles cuerda. Entonces señalan la hora sin fallar y con un ruido molesto".
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