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DERROTA MUNDIAL
Schlieffen y Clausewitz, y en su asombroso conocimiento no sólo de los ejércitos sino de las
armadas del mundo entero, denotaba su genio".
El general Franz Halder, jefe del Estado Mayor General en los primeros años de
guerra, quien participó en tres diversas conspiraciones para derrocar a Hitler, tiene
diferente opinión acerca del Führer. Al rendir declaración en Nuremberg, ante los
aliados, lo calificó "como una personalidad extraordinaria, en la cual había tanto de genio
como de loco, tanto de demonio como de criminal". En cuanto a sus capacidades
estratégicas, sólo le reconoció "una extraordinaria comprensión por los detalles técnicos y
una gran capacidad para las generalizaciones".
El historiador británico capitán
Liddell
Hart realizó investigaciones e
interrogatorios sobre el particular y llegó a la siguiente conclusión: "Hitler demostró más
rapidez en ver el valor que tenían las nuevas ideas, las nuevas armas y los nuevos
talentos. Reconoció la potencialidad de las fuerzas blindadas móviles más rápidamente
que el Estado Mayor General, y la forma en que apoyaba a Guderian, el máximo
exponente en Alemania de este nuevo instrumento, demostró ser el factor más decisivo
durante las primeras victorias. Hitler tenía el discernimiento que caracteriza a los genios,
aunque acompañado por el riesgo de cometer errores elementales, ambos en el cálculo
y en la acción... Hitler estuvo muy lejos de ser un estratega estúpido. Más bien dicho,
fue un estratega muy brillante, y adoleció de las faltas naturales que siempre
acompañarán a la brillantez. Tenía un profundo y sutil sentido de la sorpresa, y era
un maestro en el aspecto psicológico de la estrategia. La intuición estratégica de Hitler y
el cálculo estratégico del Estado Mayor General pudieron haber sido una combinación
que pudo haber conquistado todo. En su lugar produjeron un cisma suicida que vino a
ser la salvación de sus enemigos".
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El general Heinz Guderian, penúltimo jefe del Estado Mayor General, opinó acerca de
las capacidades estratégicas del Führer:
"Hitler no fue más qué cabo durante la primera guerra mundial, así es que
naturalmente no poseía los conocimientos de organización y estrategia para sostener una
guerra que un oficial del ejército de línea, con sus buenos 30 años de experiencia, llega a
tener. Lo que Hitler sí tenía, sin embargo, era buen instructor. Fue cosa de mucha suerte
que los cálculos de Hitler resultaran exactos algunas veces, a pesar de las muchas dudas de
sus generales. Esto fue particularmente durante la campaña de Francia... Ciertamente se
necesitaba mucho de valor para objetar sus planes en presencia suya. Los más de los
generales ni siquiera lo intentaban... Es muy cierto que no era muy agradable verle que se
ponía frente a mí con los puños cerrados y me gritaba con toda la fuerza de su voz... Uno
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"Del Otro Lado de la Colina".—Capitán Liddell Hart. Gran Bretaña.
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