DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 498
Salvador Borrego
conocimientos militares de que hacía gala los dejaban asombrados y su habilidad para
emplear términos castrenses y deducir de ellos conclusiones plenas de sentido común les
seducían. Resultaba incomprensible aquello en un hombre que ni siquiera era oficial, sino
un intruso, un profano".
El mariscal Von Manstein (Lewinski), reconocido como uno de los más competentes
profesionales de la guerra, hizo de Hitler el siguiente balance. "Poseía unos conocimientos
y una memoria francamente asombrosos, así como una fecunda imaginación en todo lo to-
cante a materias técnicas y a problemas de armamento. Desconcertaba a todos con su
capacidad para describir los efectos de las últimas armas, incluso de las del enemigo y para
barajar las cifras de producción... Mi juicio, en suma, es que a Hitler le faltaba esa especial
competencia militar que tiene su base en la experiencia y a la que nunca llegó a suplir su
'intuición'. El defecto capital de Hitler, así en la esfera militar como en la política, fue la
falta de tacto, la carencia de mesura, que le permitiese distinguir lo asequible de lo
inasequible.
"La regla o apotegma de que nunca se peca por exceso de fuerza en el punto decisivo
y la consiguiente necesidad de renunciar a frentes secundarios para salvar situaciones
críticas o de afrontar un riesgo para acentuar el poder de persecución en el momento y
sitio de trascendente interés, era para él letra muerta. Y así hemos visto que en las
ofensivas de los años 1942 y 1943 no acabó de sentirse capaz de jugárselo todo a una
carta, que hubiera sido la del éxito.
"No podemos desconocer que para el papel de caudillo reunía Hitler algunas de las
condiciones estimadas como fundamentales, a saber: poderosa voluntad, nervios seguros,
capaces de mantenerse hasta en las más agudas crisis, y una innegable perspicacia, además
de apreciables facultades operativas y la de percatarse de las posibilidades reservadas a la
técnica". El general Guenther Blumentritt es uno de los muy pocos que le niegan a Hitler la
característica de firme voluntad. Dice que sólo se esforzaba en aparentar tal cosa, que era
manifiesta su incapacidad para el mando y que en realidad "tenía un carácter vacilante y se
dejaba influir fácilmente', con tal que se usase con él el método psicológico apropiado".
Añade que "Hitler era un católico austriaco, un hombrecillo insignificante que en 1912
había ido de Viena a Munich... A tenor de lo que de él cuentan algunos de sus camaradas
de entonces, fue un soldado raso bastante valiente que se ofrecía voluntario para todos los
servicios de patrulla y que sentía un gran cariño por la milicia... Se le concedió la Cruz de
Hierro -de primera y segunda clase y el galón de herido en campaña".
En cambio, el mariscal Wilhelm Keitel declaró después de la guerra que nunca en su
larga carrera de soldado había conocido a un hombre que como Hitler poseyera planes de
reformas militares tan amplias. "Todo soldado profesional confirmaría sin vacilaciones —de-
claró— que las dotes de mando y estrategia de Hitler causaban admiración. Muchas noches
de guerra las pasábamos en su Cuartel General estud iando los tratados militares de Moltlce,
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