DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 495
DERROTA MUNDIAL
Ramón Serrano Suner, ex Ministro de Relaciones de España, habla del
convencimiento con que Hitler exponía sus ideas y sus planes; refiere que "ejercía sobre los
suyos una especie de magnetismo que sólo los hombres excepcionales llegan a poseer".
"Era en verdad impresionante —dice— la masa de creación y el ritmo de puntual
funcionamiento de todo el régimen que en pocos años de ocupación del poder había
puesto a punto la máquina militar e industrial más grande del mundo en aquella hora, y la
máquina administrativa y política más ajustada de nuestro tiempo. Los edificios o las
autoentradas, los tanques y los aviones, las viviendas populares, el régimen de trabajo, el
nivel medio de vida, la organización del más modesto acto político, todo era prueba y
manifestación de una obra gigantesca, de un esfuerzo de voluntad y de una capacidad
organizadora sin semejanza. Por muchas que fueran las cosas desagradables en el
funcionamiento de todo aquello y en su significación, había en la marcha general de aquel
país mucho de grandeza y ejemplaridad que el mundo de hoy debe lamentar haber
perdido. Había, sobre todo, un estilo de orden y un gusto de perfección incomparables.
"Mucho de padre, más aún de artista, como corresponde al genio de su raza, era un
hombre que se esculpe a sí mismo, pero que siempre permanece humano, tal me pareció
Mussolini. Un héroe, un Mesías, un destinado, que acepta su destino, fanático servidor de
él, por encima del bien y del mal, aunque con cierto fundamento de sensibilidad burguesa
sentimental, eso me pareció Hitler. Ambos habían sido, grandes hombres y hombres que
han creído y querido grandes cosas y que han amado y aspirado a servir la grandeza de
sus pueblos. El mundo de hoy que odia celosamente a las personalidades fuertes y que
celosamente elige a los mediocres —porque es la ley de la fatiga— un día, sin duda, volverá
a admirarlos."
Independientemente de bandos políticos, todo hombre que remonta alturas fuera
de lo común es digno de estudio. Y nadie puede negar —ni siquiera sus enemigos— que
sobrepasando en esto a los más grandes capitanes de la Historia, Hitler resistió sin
doblegarse a la mayor coalición política y guerrera de todos los tiempos.
Stalin se sabía amo absoluto de 200 millones de seres, apoyado por 45 millones de
ingleses, por 150 millones de norteamericanos y por veintenas de millones de otros
combatientes que engañados o no, militaban en el bando soviético. Winston Churchill
confiaba en los inmensos recursos que Roosevelt y Stalin significaban para él. Roosevelt
tenía a su vez toda la maquinaria económica que el judaísmo detenta en el mundo
occidental y confiaba además en las fuerzas inmensas de la URSS y del Imperio Británico.
Hitler, en cambio, estaba solo. Italia era una carga y Japón actuaba desarticuladamente
atrayendo sólo fuerzas relativamente insignificantes. Frente a la grandeza de los Tres
Grandes, la voluntad de Hitler libró la más desproporcionada de las luchas, desde
Alejandro Magno hasta César y desde César hasta Napoleón.
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