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DERROTA MUNDIAL
Jamás transigió y alegaba que todo repliegue debilita la voluntad de resistencia del
combatiente. "En los planes que Hitler trazó —agrega Neusinger—, la audacia de las ideas
estratégicas se manifiesta siempre de manera notoria; la campaña de Noruega, la de Francia
y la de los Balcanes son ejemplos muy claros".
Según el profesor Von Hasselbach, Hitler nunca perdió el gusto por la pintura y
anualmente seleccionaba cuadros para la exposición de arte alemán; repudiaba la pintura
de vanguardia como "arte degenerado". En música gustaba de Beethoven, Bach y Mozart,
aunque su preferido era Wagner.
El Conde Von Schwrrin Krosigk, Ministro de Finanzas, declaró que le llamaba la
atención la memoria de Hitler y sus capacidades para ir al meollo de las cosas". Concebía
los asuntos financieros con asombrosa sencillez y era un escéptico de lo que ahora se tiene
como intocable ciencia económica. "La fuerza sugestiva que emanaba de Hitler y de la cual
ni yo mismo pude sustraerme —refiere Von Schwrrin— parecía surgir ante todo de la
emoción, de la convicción íntima que ponía en sus palabras. Poseía Hitler el peligroso don
de la autosugestión. Cuando hablaba, el vuelo de sus palabras y de sus pensamientos llegaba
a convencerlo de que era absoluta verdad cuanto decía... Hitler creía juzgar a la gente a
primera vista. Su famosa intuición le inspiraba juicios de sorprendente exactitud o errores
fantásticos'. Añade Von Schwrrin Krosigk que Hitler aunaba la bondad y la dureza y que los
golpes de la vida, en vez de suavizarlo, lo galvanizaron más.
Rommel también habló ante sus oficiales de Estado Mayor de ese "poder magnético,
quizá hipnótico", que poseía Hitler. Les refería que en algunas conferencias Hitler tenía la
mirada casi vacía y daba la impresión de estar "ausente", pero repentinamente parecía que '
disponía de un sexto sentido, pues "de las profundidades de sí mismo" sacaba una respuesta
que desconcertaba o sorprendía a sus oyentes. Según Rommel, Hitler actuaba más por
intuición que por reflexión y tenía "un extraordinario don para captar los puntos esenciales
y elaborar con ellos una solución". Con frecuencia casi adivinaba el modo de pensar de su
interlocutor y "tenía una memoria extraordinaria para manejar cifras de tropas, dispositivos,
tanques destruidos, etc., en forma que impresionaba aun a los mejores elementos del Es-
tado Mayor".
Por último Rommel calificaba de "sorprendente" el valor de Hitler. Tuvo oportunidad
de ver que en el frente polaco siempre visitaba los puestos más avanzados y peligrosos.
Asimismo refería impresionado que momentos antes de entrar en Praga, donde un gran
núcleo de la población era hostil, Hitler le preguntó: "Coronel: ¿qué haría usted en mi
lugar?"... Rommel le repuso que entraría en automóvil descubierto, sin escolta. Y eso fue
exactamente lo que Hitler hizo, con gran alarma de sus allegados. En su uniforme sólo
acostumbraba llevar una condecoración: la cruz de hierro que ganó como soldado en el
frente del Somme cuando en la primera guerra mundial varias veces se ofreció de
voluntario para misiones difíciles.
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