DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 485

DERROTA MUNDIAL Había también caravanas de prisioneros ingleses, americanos y rusos que voluntariamente se alejaban del frente soviético. Trabajadores franceses y polacos engrosaban la huida. Los restos de la marina alemana se dedicaron infatigablemente a evacuar civiles de Prusia Oriental, Transportaron cerca de millón y medio de desventurados, no sin padecer espantosos desastres. La flota submarina soviética del Mar Báltico, inicialmente integrado por 94 unidades, había sido mantenida a raya durante toda la guerra. En 1941-42 había hundido 24 naves alemanas, inclusive lanchones, al incosteable precio de 37 submarinos destruidos. Pero en los últimos días pudo aprovecharse del blanco fácil que ofrecían los transportes. El vapor "Wilhelm Gustloff" fue torpedeado de noche por un submarino ruso y de sus 5,000 ocupantes sólo mil pudieron ser rescatados de las frías aguas del Báltico. El barco "General Steuben" que zarpó de Prusia el 9 de febrero con dos mil heridos y mil fugitivos, en su mayor parte niños, también fue alcanzado por un torpedo y su proa se clavó- inmediatamente en el agua. Los que viajaban en cubierta se apeñuscaban en la popa, pero al escorarse la nave y al cundir el pánico muchos niños y adultos resbalaban hacia el agua o caían en las hélices. Algunos hombres que llevaban pistola se suicidaron. Y los dos mil heridos trataban vanamente de salir a cubierta. Cuando se hundió de pronto lo que sobresalía del barco, "dos mil gritos de los encerrados en el interior terminaron repentinamente, sin intermedio, como cortados por un único y terrible tajo". Al desaparecer la nave hizo un remolino tan vertiginoso que se tragó a los que nadaban a su alrededor. El transporte "Goya" sufrió una suerte semejante con 7,000 fugitivos, de los cuales se salvaron sólo 170. Y cuando los aliados se dieron cuenta de estas evacuaciones sembraron de minas desde el aire las bahías de Lubeck y de Kiel, para evitar que continuaran. Tropas alemanas que lograron arrebatar algunas aldeas a los soviéticos, presenciaron huellas horrendas y escucharon de los supervivientes relatos que encendían inaudita desesperación. Aquello contrastaba sarcásticamente con el respeto que el Ejército Alemán había tenido para la población civil en las zonas ocupadas. Un respeto que se mantuvo inalterable incluso ejecutando a los esporádicos infractores. El cabo Paul Scholtis decía con furor impotente: "No teníamos razón; tenía razón Hitler, tenía razón Koch, tenían razón todos los que querían aniquilar, derribar y exterminar. Si no hubiéramos dejado a uno con vida, no estarían aquí y no podrían violar, asesinar y arrasar... Frente a los bolcheviques y frente a todo el Este no cabe política alguna humanitaria; es cuestión de vida o muerte para los países civilizados- y se llevará la victoria el que primero y mejor extermine al otro. Hitler lo ha comprendido así, y nosotros, todos los que teníamos 194 194 "Comenzó en el Vístula".—Jurgen Thornwald. 485