DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 484
Salvador Borrego
conocedores de la indiferencia con que el Ejército Rojo veía a todo hombre, propio o
extraño, que ya no servía para el combate o para el trabajo. Pero nunca imaginaron lo que
iba a ocurrir: a los heridos no graves se les envió a limpiar minas y a reparar caminos en
tanto que a los heridos graves se les achicharró con lanzallamas.
Y cuando el ejército bolchevique comenzó a irrumpir en suelo alemán, estalló una
orgía apocalíptica contra la población civil. El jefe de la propaganda en la URSS, el judío
llya Ehrenburg, realizó un notable trabajo de emponzoñamiento mental entre las masas
asiáticas e ignorantes del Ejército Rojo; con una habilidad extraordinaria les cultivó los más
oscuros instintos. Durante los tres últimos años había venido machacándoles la idea de que
las mujeres alemanas serían botín de guerra y de que deberían matar sin complacencia a las
fascistas y a sus parientes. Todos los frenos interiores qué el ser mas ignorante lleva en el
fondo de su conciencia, fueron rotos o adormecidos por esa propaganda constante que
apagó los más leves escrúpulos.
Para redondear, esta tarea psicológica de envenenamiento mental se repartió
abundante vodka entre las tropas bolcheviques que pisaban suelo alemán.
Todo poblado y toda aldea cayó en un infierno inenarrable. Ancianos asesinados a
golpes porque tenían algún hijo en las SS; civiles muertos a tiros en la nuca delante de sus
familiares; civiles requisados como bestias para cargar abastecimientos o arrojados ante las
líneas alemanas para que hicieran estallar minas al pisarlas. Niñas de 12 años y mujeres
hasta de 70 ultrajadas públicamente y en masa; criaturas que lloraban y gritaban presas de
espanto al ser obligadas a presenciar aquellas torturas de sus madres; niños arrancados de
sus padres y llevados al Oriente; muchachos de diez años requisados por el Ejército Rojo;
saqueos de ropa y de víveres, mujeres semidesnudas abandonadas en los caminos para
morir lentamente de hemorragia y de frío.
Todo lo que se temía del Oriente, fue monstruosamente superado por aquel infierno...
Caravanas aterrorizadas de civiles comenza ron a huir hacia retaguardia. En carros y a pie
recorrían caminos llenos de nieve y a veces alcanzados por tanques soviéticos que se
divertían disparando contra esos blancos inermes, para luego caer sobre las mujeres. Hubo
casos en que no respetaban ni a las muertas.
En la confusión de la huida —agravada por los ataques rasantes de los aviones
soviéticos—, madres que perdían a sus hijos y niños que buscaban aterrorizados a sus
madres. A veces la marcha se prolongaba tanto, por los caminos nevados, que entumecidos
fugitivos perdían los pies como si fueran de cristal, al quitarse las botas. Enfermos corroídos
por dolores intestinales al cundir las epidemias. Soldados heridos que huían entre la
población civil o que fatigados se suicidaban.
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