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DERROTA MUNDIAL
recompensa, te lo prometo, solemnemente. Goebbels permanecerá a mi lado y caerá
conmigo. Esta poseído como yo de la pasión de la lucha. Quizá me sobrepasa y toma un
impulso del que yo no lo hubiera creído capaz. Himmler es cambiante. Desconfía de
él...Mis generales son traidores, sentimentales que quieren cuidar de sus hombres, como si
pudieran obtener los grandes triunfos de otra manera que corriendo los más grandes
riesgos. Si tuviera con quien substituirlos, habría hecho fusilar a las tres cuartas partes de los
generales alemanes".
"El (Hitler) sufre más que nunca de insomnio. Lo encuentro cambiado. Su silueta no
es tan erguida. Es como si pesara sobre él el peso de toda Alemania. Además, sufre crisis
de ceguera parcial. Las lágrimas corrieron por mis mejillas. M., que no es un sentimental,
me ha reñido cariñosamente: “Vamos, valor. No podemos tolerar en el Cuartel General a
jovencitas que lloran”. En efecto, debemos ser fuertes. Las nuevas armas llegarán pronto y
entonces que Dios proteja a nuestros enemigos". Pero las nuevas armas se retrasaban una y
otra vez. Los enormes recursos humanos y bélicos que devoraban el frente ruso, el frente
de Italia, el de los Balcanes, el de Occidente y el de la lucha en el mar, además de los
bombardeos y el sabotaje, retardaban y dificultaban la producción. Los problemas técnicos
inherentes a esas nuevas armas habían sido resueltos tiempo antes, pero su producción tro-
pezaba con sucesivos obstáculos. El espionaje disponía de tantos y tan sagaces
.colaboradores israelitas dentro de Alemania, que frecuentemente los bombardeos se
dirigían hacia las más secretas plantas bélicas, incluso aquellas que de otra manera hubieran
estado al abrigo de todo ataque por el aislamiento y camuflaje de que se las había rodeado.
Los aliados conocían con exactitud el peligro de que las armas secretas en proceso de
producción fueran oportunamente utilizadas. Por eso trataban a todo trance de lograr el
triunfo antes de que entraran en juego. El general Marshall, jefe del Estado Mayor de
EE.UU., refiere que "los adelantos de la técnica alemana, tales como el desarrollo de
explosivos atómicos, hacía imprescindible que atacásemos antes de que estas terribles
armas se emplearan en contra nuestra". ("La Victoria en Europa").
El 30 de Enero (1945) Hitler insistió enfáticamente en que la victoria llegaría si se
lograba prolongar la resistencia. A los comandantes que desesperaban les hizo otro llamado
categórico:
"Quiero que cada uno soporte los sacrificios que se exigen. Espero que cada alemán
físicamente apto; exponga su cuerpo y su vida en la batalla. Espero que toda persona
indispensable, aun los achacosos y los enfermos, trabajen hasta el fin, hasta la última gota de
su energía. Hago un llamado de particular confianza a la juventud alemana. Al formar tal
comunidad juramentada, estamos en condiciones de mirar hacia el Todopoderoso y pedir
su misericordia y su bendición, pues no hay pueblo que pueda hacer más que eso. Que
cada uno que sea capaz de pelear, pelee, imbuido en un solo pensamiento: asegurar la
libertad y el honor, y de esta manera, la vida futura de su nación. No obstante lo grave de la
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