DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | страница 469

DERROTA MUNDIAL Pero en diciembre la Luftwaffe recibió órdenes de apoyar la ofensiva de las Ardenas, que fue la última embestida del Ejército Alemán. El "gran golpe" contra los bombarderos aliados, tal como había sido soñado por los pilotos de caza, no iba a ser posible. La reserva se utilizaría como arma de apoyo de la infantería y de los tanques. Ahí comenzó nuevamente otra sangría de la Luftwaffe, que habría de culminar con la Operación Baldosa del primero de enero de 1945. Ese día 750 aviones alemanes se lanzaron contra 26 aeródromos poderosamente protegidos de la aviación aliada en Francia y Bélgica. Los pilotos alemanes habían visto cosas espantosas en sus ciudades bombardeadas: civiles convertidos en antorchas vivientes porque los aviones aliados arrojaban fósforo líquido para extender los incendios; mujeres y niños que se escondían en las alcantarillas y que morían materialmente asados por el recalentamiento de la atmósfera, o bien, asfixiados porque las llamaradas consumían el oxígeno. Y con estas escenas en la mente, los pilotos alemanes de caza se decían al iniciar la Operación Baldosa: "No tenemos derecho a errar contra un bombardero"... Fue un ataque furioso. Guenther Bloemertz refiere así la acción de su grupo de cazas sobre el aeropuerto de Bruselas: "Nuestras ráfagas estallaron en medio de los aviones. Algunos Spitfíres trataban de elevarse en el mismo instante, pero pasaron bajo la lluvia de fuego y cayeron envueltos en llamas. Nuestros obuses y balas estallaban en las pistas de cemento. La torre de control tenía un cañón de tiro rápido en el techo y escupía fuego. Uno de los nuestros no tardó en caer. Al cabo de algunos segundos yo había recorrido toda la longitud del campo y cuando di vuelta vi a un piloto que con loca temeridad se lanzaba sobre el cañón de la torre. Disparaba al mismo tiempo que el adversario. Nunca había visto un ataque semejante, tan furioso. Las ráfagas saltaron en medio de los sirvientes del cañón hasta que el arma fue silenciada... Los primeros incendios estallaron luego entre los aviones de tierra. Los soldados corrían a través del aeródromo nevado en busca de un abrigo... Sin descanso nos lanzábamos sobre los bombarderos. Espesas nubes de humo se elevaban de una cuarentena de aviones en llamas... Repentinamente surgieron las insignias británicas en el aire; eran Spitfires que debían haberse elevado de otros aeródromos. Una confusión se produjo. Por pequeños grupos o por escuadrillas los aviones se lanzaban sobre el agresor, y fue el comienzo de una caza in- fernal. Las balas trazadoras se cruzaban, en todos los sentidos, los aviones caían arrastrando un negro penacho o una fulgurante cola de cometa, y choca ban contra el suelo haciendo saltar enormes columnas de humo”. Además del violento fuego antiaéreo, los aliados respondieron ese día atacando con 4,200 aviones. En la descomunal pelea sé inmolaron 200 pilotos alemanes y los aliados perdieron 500 aviones, la mayor parte en tierra. Pero relativamente las bajas resultaron más sensibles para la Luftwaffe debido a su carencia de reemplazos. En esa batalla cayeron 469