DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 468
Salvador Borrego
convertidos en chatarra. Entre los nuevos modelos figuraba el Me-109-K, de 720
kilómetros por hora, que subía 7,000 metros en 6 minutos, y el bombardero de chorro
Arado 234, que desarrollaba 756 kilómetros por hora.
De junio a octubre de 1944, la Luftwaffe vivió un doble drama: luchaba en el aire por
detener la aviación aliada, cosa que le costó 13,000 hombres durante ese período, y al
mismo tiempo sufría en tierra el desesperante racionamiento de combustible. Muchas
veces tenía que quedarse en sus aeródromos viendo pasar los bombarderos enemigos.
Hasta entonces el total de sus bajas en 5 años de guerra, ascendía a 44,000 tripulantes.
En septiembre, Speer había entregado 3,013 aviones de caza y 1,090 bombarderos. Era
la máxima producción alemana de un mes durante toda la guerra, pero ya no se podía
aprovechar íntegramente.
Sin embargo, todavía fueron abatidas 105 superfortalezas aéreas en dos incursiones
aliadas. El general norteamericano Doolittle se alarmó.
La moral de los pilotos aliados había descendido considerablemente en el segundo
semestre de 1944 al ver que la Luftwaffe no podía ser aniquilada definitivamente. La 8ª
Fuerza Aérea Norteamericana tuvo que formar dos tripulaciones por cada avión, a fin de
turnarlas, y a los que habían realizado 25 vuelos los enviaba a estancias de descanso. El
panorama era muy distinto para los pilotos alemanes, que en ocasiones tenían hasta tres y
cuatro combates al día. Los heridos regresaban a filas no repuestos del todo.
El jefe del departamento técnico de la 8a. Fuerza Aérea Norteamericana, Samuel W.
Taylor, rindió un informe diciendo que posiblemente la Luftwaffe había perdido desde
1939 el 99% de sus mejores pilotos," pero que seguía siendo un adversario muy peligroso y
técnicamente superior".
En agosto se había formado una reserva de 800 cazas diurnos y Hitler ordenó
emplearlos desde luego en el frente occidental, en tanto que Speer y.Galland se
empeñaban en que protegieran al Reich. Esto último hubiera sido lo mejor, pues en el
frente ocurría entonces un repliegue general y más de 400 aparatos se perdieron en los
aeródromos o en ataques de apoyo a la infantería.
Sin embargo, a costa de sacrificios indecibles, para noviembre ya se había formado
otra reserva de 18 regimientos de caza, con 3,700 aviones y pilotos. Era la mayor fuerza
operativa que había tenido la Luftwaffe. El general Galland, inspector de cazas, soñaba con
el "gran golpe" contra la aviación aliada. Muchos pilotos veteranos contaban con dar una
sangrienta sorpresa a las flotas aliadas derribándoles más de cuatrocientos aviones de un
solo golpe. Ávidamente estuvo ahorrándose gasolina, de la poca que salía de la maltrecha
industria de combustibles sintéticos.
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