DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 454
Salvador Borrego
las detecciones enemigas de alta frecuencia y las gamas más bajas de las ondas
decimétricas.
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Según el instructivo de la aviación americana, cada nave de desembarco podía llevar en
promedio 14 tanques, 3 obuses, 42 cañones, 8 carros de combate, 18 ametralladoras
pesadas, 142 toneladas de refacciones, 670 toneladas de víveres y 33 recipientes de gasolina.
Mediante esos adelantos los nuevos sumergibles iban a revolucionar la guerra en el
mar. Se podría conocer la proximidad de barcos a 80 kilómetros de distancia y precisar si
se trataba de destructores, cruceros o mercantes. Con marcaciones acústicas el submarino
podría acercarse a los barcos y hacer funcionar su equipo electrónico "S", que aportaría
datos sobre el rumbo y velocidad del objetivo. Y esos datos se transmitían al nuevo
dispositivo "Tek" para graduar automáticamente el disparo de los torpedos. Por último, los
torpedos modernizados "Lut" zigzaguearían para alcanzar el objetivo con una exactitud del
95 al 99%.
Los comandantes del submarino que visitaban las nuevas construcciones quedaban
maravillados. Los más optimistas no habían soñado nunca con algo tan perfecto. Y ante sus
graves pérdidas no cesaban nunca de exclamar: "¡Cuando tengamos los XXVI!...
Pero mientras éstos eran terminados, 243 sumergibles de la vieja guardia y sus nueve
mil tripulantes se inmolaban durante 1944. (El total de bajas ascendía a 617 naves y 24,000
submariner os en los 5 años de guerra).
Por su parte, las flotas aliadas llevaban perdidas 20 millones 527,000 toneladas de
barcos. Un equivalente a 3,421 naves de seis mil toneladas cada una. De ese total, los
submarinos habían hundido más de 14 millones de toneladas y el resto los aviones y las
minas.
Las bajas submarinas de 1944 fueron afrontadas con la esperanza de un devastador
desquite para 1945. Los constructores de los nuevos sumergibles habían dicho que
terminarían trescientos de ellos para el otoño de 1945, pero el ministro Speer aceleró los
trabajos y aseguró que los entregaría para la primavera. En los astilleros se trabajaba con
desesperado empeño en la seguridad de que la nueva arma causaría un cataclismo jamás
visto en las flotas aliadas. Doenitz armaba lobos más feroces para 1945.
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Los submarinos atómicos de 1960 apenas superaron en 6 kilómetros por hora la velocidad del tipo
XXVI.
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