DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Seite 453
DERROTA MUNDIAL
Cruz de Hierro y de las Hojas de Encina, fue hecho prisionero y luego ejecutado, bajo la
acusación de haber intentado fugarse.
Inexorablemente iba descendiendo el número de barcos aliados hundidos y
aumentando el de submarinos que no regresaban.
Para agravar las cosas, la invasión aliada de Francia privó a la flota submarina de sus
bases en el Golfo de Vizcaya y en el Canal de la Mancha y la obligó a retroceder a los
lejanos puertos alemanes. Algunos tipos .de sumergibles unipersonales, de corto radio de
acción, ya no pudieron ponerse en servicio.
La invasión aliada de Francia se realizó con poderosísima escolta y Doenitz pidió a
sus hombres que corrieran los más graves riesgos pero que trataran de hundir naves de
desembarco. "El submarino que contribuya a aumentar las pérdida», del enemigo en el
desembarco ha cumplido su misión más alta y justificado su existencia aunque él también
haya de quedarse allí". Y en efecto, de 45 sumergibles empeñados en esa desigual batalla
en las costas francesas se perdieron 20, a cambio de la destrucción de 21 barcos aliados.
Según el instructivo de la aviación americana, cada nave de desembarco podía llevar
en promedio 14 tanques, 3 obuses, 42 cañones, 8 carros de combate, 18 ametralladoras
pesadas, 142 toneladas de refacciones, 670 toneladas de víveres y 33 recipientes de
gasolina.
A mediados de año se probó con éxito el "Schnorchel" o "roncador", mediante el cual
el submarino ya no necesitaría salir a la superficie para cargar acumuladores.
Premiosamente se comenzó a instalar este "roncador" o pulmón acuático en los sumergibles
que regresaban, y se le agregó una capa de caucho espumoso que absorbía los rayos
detectores enemigos y un receptor que brindaba al submarino —durante la carga de la
batería;— la seguridad de bajar a gran profundidad antes de que se acercara el enemigo. Un
nuevo torpedo, acústico, que seguía a los barcos por el ruido de sus hélices, comenzó a
probarse y hundió muchas corbetas y destructores de escolta. Con estos adelantos se vio
desde luego que se reducían vertiginosamente las pérdidas de sumergibles. La aporreada
arma de Doenitz estaba ya resucitando.
Y algo más decisivo, o sea la renovación total de la flota submarina, estaba realizándose
penosa y angustiosamente en los bombardeados astilleros. En medio de ruinas, en túneles
o en refugios subterráneos, la organización del ministro Speer empezó anhelosamente en
mayo de 1944 la construcción de los nuevos sumergibles tipo XXI, XXIll y XXVI. Los
tipo XXVI desplazaban 850 toneladas y desarrollaban 32 kilómetros por hora bajo el agua,
en vez de 10 que desarrollaban los modelos en uso; podían ir de Europa a Asia sin
emerger; tendrían motores eléctricos silenciosos; hélices sin ruido; un ojo eléctrico para
disparar a 40 metros bajo el agua, con 100% de exactitud, y 20 torpedos. Asimismo se les
estaba equipando con un nuevo receptor llamado "mosquito", que detectaba los silbidos de
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