DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 441
DERROTA MUNDIAL
Occidente, declaró que era "un caballero sabio y diestro” pero que en 1944 ya estaba
avejentado y padecía de "resignación psíquica". El general Guenther Blumentritt agrega que
Von Rundstedt sustentó siempre la opinión de que la guerra estaba perdida desde el
comienzo. Todo su Estado Mayor conocía esta manera de pensar, lo cual ciertamente no
era nada favorable para la eficacia de su tarea.
Rommel se sorprendió también de que se careciera totalmente de informes acerca de
los preparativos aliados de invasión. La tarea de averiguar algo acerca de esos preparativos
había estado en manos del Almirante Canaris, quien al ser removido por su aparente
ineficacia dejó en ese puesto clave a su cómplice el coronel de Estado Mayor George
Hansen. ¡La traición seguía su curso!... (Fue hasta la víspera dé la invasión cuando se tuvo
un indicio de que iba a empezar porque fue interceptado un mensaje aliado, en clave,
alertando al movimiento de resistencia en Francia).
Los generales Von Geyr y Guderian querían concentrar las fuerzas móviles blindadas
(que eran el núcleo de la defensa contra la invasión) a considerable distancia de la costa.
Rommel alegaba que la aviación aliada las inmovilizaría y las quebrantaría antes de que
participaran en la lucha, y quería que la co sta fuera la principal línea de concentración y
de combate. Hitler coincidía en esto con Rommel, pero Rommel no coincidía con Hitler
en cuanto al punto probable de invasión. Mientras el Führer veía hacia Normandía,
Rommel tenía fijos los ojos bastante más al norte, en la parte angosta del Canal de la
Mancha, lo mismo que Von Rundstedt, que Jodl y que el general Von Salmutch, jefe del
15º ejército.
Von Kluge decía que Rommel era osado, pero que ante los reveses se volvía
mentalmente inestable. El Alto Mando lo consideraba un táctico excelente, pero no un
estratega. El general Geyr insistía en que los tanques no debían dispersarse en las costas,
como barricada, sino concentrarse bastante atrás para acudir al punto peligroso, pero Hitler
alegó que no quería interferir la táctica de Rommel. Y en estas circunstancias, nada
satisfactorias para la defensa, ocurrió la apertura del nuevo frente. (Ya demasiado tarde
Rommel reconoció que había sido un error dispersar los tanques cerca de la costa, según
dice el general Geyr). Para colmo, en el momento de la invasión Rommel se hallaba
celebrando un bautizo y no estaba en su puesto de mando. Esa misma noche una célula
encabezada por el escritor Ernst Jünger había reunido en una velada a varios oficiales del
Estado Mayor del Grupo de Ejércitos "B" para seducirlos hacia un plan de conspiración
contra Hitler, a la vez que el jefe del 7º ejército y otros comandantes se transladaban a
Rennes "para un ejercicio de cuadros".
Entretanto, la invasión se iniciaba. En el Cuartel General de Hitler hubo un respiro de
alivio, pues al fin se había disipado la gran incógnita. Eva Braun refiere ese momento:
"Cuando anunciaron el comienzo de la invasión yo estaba en el Cuartel General. Me sentí
aterrada, pero bien pronto noté que todos parecían aliviados. El (Hitler) dijo: 'Por fin
sabemos dónde se produce la operación. Hitler me mandó inmediatamente a casa. En
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