DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Página 442
Salvador Borrego
realidad quería que fuese a Suiza o Suecia. Quiero quedarme en Alemania, y como él está
dispuesto a mantenerse hasta el fin, ¡que suceda lo que suceda!"
En los 320 kilómetros de la costa de Normandía donde se produjo el ataque aliado,
había sólo 4 divisiones fijas de defensa costera y dos divisiones móviles, de reserva, o sean
las SS Panzer 2ª "Das Reich" y la la. "Leibstandarte Adolfo Hitler", que llevaron el peso del
primer impacto. Luego llegaron precipitadamente la 9ª "Hohenstaufen" y la 10ª
"Frundsberg", que habían sido retiradas poco antes del frente ruso. La ausencia temporal de
los mandos ocasionó que se perdieran valiosísimas horas en enviar, de la región de París a
la costa de invasión, a la 21ª división blindada, a la "Lehr" y a la 12ª SS de carros de
combate "Hitlerjugend". Hubiera sido de grandes consecuencias su participación en el
combate, ocho horas antes, en el sector donde embestían 14 divisiones británicas y 5
canadienses.
El acierto de Hitler para prever el punto de la invasión no fue explotado al máximo
por sus generales. "Parecía que la tan ridiculizada intuición del Führer —dice Liddell Hart—
estaba más cerca de la marca que los cálculos de los hábiles soldados profesionales".
Aunque Hitler había previsto que la invasión sería por Normandía, luego aceptó el punto
de vista de Von Rundstedt y de Rommel, de tal manera que accedió a inmovilizar 15
divisiones de primera clase en la región más angosta del Canal de la Mancha. Cuando
finalmente fueron llevadas a Normandía, ya era demasiado tarde.
Y nuevamente en horas críticas iba a surgir la vieja pugna entre Hitler —que sólo había
sido cabo en la primera guerra— y muchos de los viejos generales académicos, quienes se
sentían celósos de que les diera directivas en la ciencia de la guerra —que seguía siendo
también un arte cuyo secreto se escabulle de las manos del científico—.Esta escisión interior
del Alto Mando fue otro factor que contribuyó incalculablemente al desplome de
Alemania.
Así ocurrió la paradójica situación de que mientras Hitler acertaba en prever la
invasión por el punto donde iba a llegar, y mientras las tropas iban a lanzarse fanáticamente
contra el alud de fuego de un enemigo superior en número y en elementos de combate,
muchos generales manejaban con una mano el frente y con la otra se aliaban a la vieja y
vasta conspiración para derrocar al Führer.
En las sombras se movían el general Ludwig Beck (conspirador desde 1933), el
Almirante Canaris y el doctor Stroling, alcalde de Stuttgart, quien para ganarse a Rommel
comenzó por minar la moral de su esposa: "Rommel se hallaba en posición extraordinaria
—dice el general británico Young—. Por un lado era el defensor del frente occidental y por
el otro creía que esa defensa era imposible, y formaba parte de una conspiración para
hacer la paz. Si tenemos la bomba atómica —dijo Rommel al Almirante Ruge— creo que es
nuestro deber continuar". Pero ya el escepticismo había prendido en él. En el momento
de la invasión, dice el general Von Geyr, Rommel retuvo la 2ª división blindada, con vistas
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