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DERROTA MUNDIAL
Así transcurren 51 días desde que se inició el envolvimiento y 115 desde que se inició
la lucha en la ciudad. Es el 8 de enero y el 6º ejército sigue en su puesto. De 235,000
hombres que lo integraban en el momento de ser sitiado, han caído aproximadamente la
mitad. Algunas de sus 21 divisiones se han sacrificado casi íntegramente; las 3 motorizadas
y las 2 blindadas carecen ya de combustible. La temperatura es de 28 grados centígrados
bajó cero y los soldados son espectros que han consumido casi toda la grasa de su cuerpo;
algunos se parapetan entre caballos recién muertos, en busca de algo de calor.
Ahora se lucha por una casamata, por un embudo de granada, por un montón de
escombros que sirva de refugio.
Ese día 8 de enero (1943) el general Rokossowski suspende el fuego y arroja volantes a
los copados explicándoles, que ya nada podrá salvarlos y les pide su rendición. En un
golpe psicológico les ofrece abrigo, atención médica y comida. ¡Todo un paraíso, en medio
de aquella desolación!... Poco después unos parlamentarios rusos aparecen en el frente
con banderas blancas. La consigna es recibirlos a tiros, y a tiros son rechazados. La lucha
se reanuda en todo el frente.
Los restos del 6º ejército son comprimidos cada vez en un área menor. Una cuña
bolchevique se clava profundamente en el centro y quedan separadas las fuerzas alemanas
del norte y del sur dé la ciudad. Cada penetración abre un nuevo sector de combate. Los
pocos tanques que aún pueden maniobrar son requeridos de diversos puntos a la vez. Los
cañones antiaéreos ya no se preocupan del espacio; ahora escatiman las pocas granadas
que les quedan para proteger a la infantería en los puntos más expuesto.
Los comandantes de regimientos, reducidos a batallones o compañías, y los coman-
dantes de compañías reducidas a pelotones, comunican de hora en hora su comprometida
situación. La respuesta sigue siendo la misma: "¡Resistir!"... Y todos resisten un día y otro
día, y una semana y otra semana, ya sin esperanzas de salvación.
El general Zeitzler dice que Ios cercados sabían que las condiciones en que vivían
"podían únicamente ser más horribles si la muerte no llegaba. Muchas unidades de
artillería inutilizaban sus cañones tras disparar sus últimas granadas. Los conductores
incendiaban sus vehículos al agotarse la gasolina".
Era aquello el estertor de un gran ejército, veterano de la batalla de Flandes, del
envolvimiento de Kiev y de la batalla de Karkov. Nadie lo hubiera imaginado cuatro
meses antes. Cerca de 200,000 hombres habían caído muertos, heridos o enfermos.
Nunca un ejército copado había resistido algo semejante y sufrido tal cantidad de bajas y
de privaciones. Aunque más numerosos, los ejércitos bolcheviques copados en Minsk, en
Smolensk, en Kiev, en Vyazma y en Bryansk, se habían desplomado en menor tiempo y
con menor desgaste. Por primera vez un ejército alemán estaba agonizando.
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