DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 321

DERROTA MUNDIAL Esta tradicional caballerosidad entre combatientes sólo pudo ser practicada entre algunos alemanes y británicos. Donde la influencia israelita era más cercana, el odio hacía imposibles esas cortesías que ciertamente no restan valor a los contendientes. Por ejemplo, el general Dwight David Eisenhower, nieto de los israelitas Jacobo y Rebeca, emigrados de Alemania a Estados Unidos en el siglo XVIII, se negó a hablar con el capturado general Von Arnim y dio la siguiente orden: "A ninguno de ellos debe permitírsele visitarme". OCCIDENTE AL SERVICIO DE LA URSS Aunque dramática la lucha en África, porque allí un puñado de alemanes hacía frente durante dos años a los recursos combinados de Churchill y Roosevelt; aunque también dramática la lucha en el mar, porque 250 submarinos combatían contra las flotas más grandes del mundo, y aunque igualmente desproporcionada la contienda que libraban sobre Europa Occidental una parte de la Luftwaffe y las aviaciones casi íntegras de Roosevelt y Churchill, las operaciones en Rusia seguían siendo el hecho más gigantesco e n la historia de las armas. A principios de 1942 —segundo año de la guerra en la URSS— los soviéticos habían perdido aproximadamente un tercio de sus centros industriales y todos los campos trigueros de Rusia Blanca y Ucrania. También habían perdido la mitad de sus yacimientos de carbón de piedra, las tres cuartas partes de sus fuentes de carbón de coque y el 62% de hierro en bruto. Sus bajas en soldados y equipo bélico correspondían a 400 divisiones. El territorio ruso ocupado por los alemanes tenía una población de 80 millones de habitantes, o sea el 40% de todos los habitantes de la URSS. La situación del Imperio comunista era extremadamente crítica. En ese año la ayuda de Roosevelt y Churchill al imperio bolchevique creció en cifras astronómicas. El diplomático norteamericano William C. Bullit dice que él y otros consejeros pidieron a Roosevelt que exigiera a Moscú seguridades de que respetaría las fronteras en Europa y en Asia, pero Roosevelt rechazó esa petición. Tal complacencia rayana en la complicidad era también compartida por Churchill, quien al enterarse de que Stalin persistía en su deseo de sojuzgar a Estonia, Letonia, Lituania y Rumania, pese a lo establecido en la Carta del Atlántico, cablegrafió a su Secretario de Negocios Extranjeros en Moscú: "Naturalmente, no debe mostrarse usted tosco o áspero con Stalin". Durante 1942 una procesión de funcionarios de Occidente fue a Moscú a reconfortar a Stalin, a llevarle ayuda y a ofrecerle más para el futuro. Entre la población rusa había síntomas de agotamiento y cansancio y hasta de rebeldía. El ejército alemán había conservado el 95% del territorio arrebatado al ejército rojo y sobrevivido al invierno y a la contraofensiva soviética; Stalin había visto parcialmente destrozados los ocho ejércitos de reserva que lanzó a su ofensiva invernal, y su situación era tan comprometido que Occidente podía haber dosificado su ayuda en la medida en que la URSS se comprome- 321