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DERROTA MUNDIAL
buenos soldados; por tanto, no deben vanagloriarse. Y menos aún deben empequeñecer
los hechos de los de otras naciones.
El italiano no es, naturalmente, como el alemán, y tiene sus peculiaridades propias. Es
un ser distinto. Por tanto, sería injusto medirle con el rasero alemán. Pelea lo mejor que
puede y esto es digno de tenerse en cuenta. Sería indigno burlarnos de nuestro aliado y ha-
blar de su blandura. Hemos de procurar ver sus buenas c ualidades".
En el aire, la superioridad británica era mayor: 1,100 aviones contra 120 alemanes y
200 italianos. (Poco después Hitler retiró aparatos del frente soviético para enviarlos al
África).
En vísperas de su nueva ofensiva, los ingleses trataron de matar a Rommel en su
cuartel de Veda Littoria, para lo cual transportaron en submarino a 52 voluntarios, detrás
de las líneas alemanas. Pero Rommel no se hallaba en su cuartel la noche del ataque y la
mayoría de los asaltantes perecieron.
El 18 de noviembre (1941) el rehecho 8º ejército inglés se lanzó a la ofensiva. "Fue una
batalla digna de soldados, una pelea de perros —dice el general inglés Desmond Young, que
participó en ella— Fue peleada a tal velocidad, con cambios tan bruscos en las situaciones,
bajo tal nube de tanques ardiendo y de granadas estallando entre el polvo de vehículos que
derrapan, entre tal confusión e informes contradictorios, que nadie sabía lo que estaba
sucediendo a una milla de distancia...
Hay centenares de hombres cuyas hazañas pasaron inadvertidas. ¿Cuántos hay que
hayan oído de cómo el mayor general Dennis Reíd, Comandante del grupo de brigadas de
la India, tomó Gialo él solo y rindió con su pistola a 60 oficiales italianos que estaban
comiendo?" Las numéricamente superiores fuerzas aliadas de Cunningham—en las cuales ya
figuraban considerables pertrechos enviados por Roosevelt— perforaron profundamente el
frente de Rommel y alcanzaron Sidi Rezegh, a 70 kilómetros de donde se inició la lucha,
39,000 italianos se desplomaron y fueron capturados. Churchill habló entonces de una gran
victoria en vías de consumación.
Rommel, que según el general inglés Desmond Young, "tenía un don maravilloso para
aparecer en los puntos vítales y dar ímpetu decisivo a la acción en los momentos cruciales",
tuvo entonces una de sus más arriesgadas y brillantes inspiraciones. Saliendo de las normas
ortodoxas de la guerra se desentendió casi por completo del centro de gravedad de la
batalla, impuesto por Cunningham, y ordenó a sus divisiones 15 y 21 que dieran un rodeo
al frente y se lanzaran sobre la retaguardia del enemigo.
Eso equivalía a ir a incendiar la casa del enemigo antes de apagar el fuego en la propia,
pero el arrojo y la decisión se impusieron a las frías leyes académicas de prudencia y
orden, y Rommel arrebató la victoria a Cunningham del bolsillo. Una vez más se
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