DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 286
Salvador Borrego
Ya en 1 9 1 1 los influyentes judíos norteamericanos Jacob Schiff, Jacob Furth, Luis
Marshall, Adolfo Kraus y Enrique Soldfogle habían impulsado al Presidente Taft a que
presionara al régimen zarista de Rusia, en pro de los judíos revolucionarios de
Leningrado. Y en 1917 los capitalistas judíos de Nueva York acudieron en auxilio de la
naciente revolución rusa. Khun Loeb, Félix Warburg, Otto Kahn, Mortimer Schiff y Olef
Asxhberg ayudaron entonces económicamente a los revolucionarios soviéticos.
No era, pues, en 1941, la primera vez que el núcleo super capitalista judío de Estados
Unidos (que de ninguna manera debe ser identificado ni confundido con el pueblo
norteamericano) acudía en auxilio del grupo bolchevique judío. Entre ambos extremos
han existido siempre profundos lazos de hermandad.
Otro síntoma de lo anterior es el convenio que la organización israelita
norteamericana llamada Consejo de Relaciones Exteriores celebró con Rusia en 1926. El
Consejo está dominado por el multimillonario judío Rockefeller, que oficialmente es
protestante. El escritor americano Emmanuel M. Josephson reveló que dicho pacto
financiero era un "Eje Rockefeller-Unión Soviética".
Así se integró una especie de yunque y martillo, gigantescos sistemas ideológicos (uno
supercapitalista y otro bolchevique) entre los cuales los pueblos no judíos .han venido
siendo debilitados o destrozados en su economía o su cultura, y de tiempo en tiempo
devastados por contiendas artificialmente provocadas. Aunque el judío repudia al no judío
tan frenéticamente corno repudia el hecho de mezclar su sangre con él, sabe utilizarlo con
maravillosa agilidad para sus propios fines. "Una aptitud magistral del judío —dice Henry
Ford— es la de concitar odios contra las personas a quienes trata de hostilizar; es uno de los
medios de combate orientales más rastreros, y que sólo puede esgrimirse por personas de
determinada predisposición". Realmente se trata de una aptitud que se lleva en la sangre;
quienes carecen de ella a duras penas pueden siquiera comprenderla. Esa habilidad judaica
se puso premiosamente en juego para lanzar al pueblo norteamericano a una guerra de la
que saldría en peores condiciones que antes de la "victoria".
Los americanos fueron arrojados mañosamente al abismo de una lucha contraria a
sus propios intereses. Precisamente cuando las tropas alemanas se lanzaban a la batalla de
Vyazma y Bryansk, el judío americano Averell Harriman anunciaba que Norteamérica daría
a Rusia toda la ayuda militar posible hasta derrotar a Alemania. En ese entonces el pueblo
americano se oponía inútilmente a la ayuda a Stalin. El 8 de octubre (1941) Roosevelt y su
camarilla judía lograban que se destinaran 5,985 millones de dólares para ayudar
particularmente al ejército rojo. Y el 9 de diciembre Roosevelt anunció por radio, 48 horas
después del ataque japones a Pearl Harbor, que "aunque Alemania e Italia no habían hecho
declaración de guerra, se consideran en estos momentos tan en guerra con los Estados
Unidos como puedan estarlo con Inglaterra y Rusia".
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