DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 263
DERROTA MUNDIAL
MOSCU TREPIDA BAJO EL CAÑONEO
Concluida la batalla de envolvimiento en Bryansk-Vyazma, los alemanes quedaron
firmemente situados a 200 kilómetros de Moscú. Hubo entonces una junta de Hitler y sus
generales. Muchos recomendaban una retirada en el sector central para enderezar las líneas
y vigorizar las comunicaciones. El problema logístico de abastecer ejércitos a través de mil
kilómetros de territorio devastado y hostil era espantoso y el invierno iba a agravarlo todavía
más. Las primeras nevadas habían caído ya.
Una minoría de generales, encabezados por Jodl, aconsejaba un esfuerzo más para
capturar Moscú. No se creía ya que hubiera ejércitos soviéticos organizados y solo se
contaba con una fanática resistencia en las defensas periféricas de la ciudad. Dar un
momento de reposo al enemigo parecía dejar escapar una brillante oportunidad. Hitler
también pensaba de este modo. Al final de las discusiones se tomó la decisión de atacar.
13 divisiones de tanques, 33 de infantería y 5 motorizadas, o sea un total de 51, fueron
reagrupadas en el sector central, y este grupo de ejércitos se puso en manos del general
Von Kluge porque el mariscal Von Bock sufría dolores de estómago y había llegado al
límite de su resistencia física. Von Kluge se exponía con frecuencia en los puestos
avanzados del frente, se levantaba al amanecer y fuere cual fuere la gravedad de la situación
se acostaba temprano. No confiaba mucho en la nueva operación, pero se fue alentando al
ver el entusiasmo de las tropas, y entonces se quejaba de que el general Hoeppner (coman-
dante del 4º ejército blindado y encubierto enemigo de Hitler) no tuviera entusiasmo por la
acción que iba a emprenderse. Por su parte, Hoeppner se quejaba continuamente de los
abastecimientos. "Un cuadro no muy satisfactorio", comenta el mariscal Kesselring. (Y
acentuando aún más esas perturbaciones, en el comando del Grupo de Ejércitos se había
formado una célula de conspiración, compuesta por los coroneles Hening von Treskow,
Von Gersdorff y Schultze. Treskow trató de ganarse al mariscal Von Bock, quien cortó en
seco la conversación y salió de la sala diciendo que no toleraba ni siquiera hablar de eso.
Pero la conspiración seguía cundiendo en el Estado Mayor. Los que se negaban a
secundarla sentían repugnancia por denunciarla).
Entretanto, en apoyo del avance hacia Moscú se iniciaron bombardeos aéreos c on 150
y 200 aparatos. La nieve había comenzado a caer y la Luftwaffe tropezaba con grandes
dificultades. De 80 hombres que en tiempos normales necesitaba por cada avión en
operación requirió entonces 120. La nieve tenía hasta 90 centímetros de altura en algunos
aeropuertos y eran necesarios mil trabajadores para limpiar una pista. Hasta los frenos
hidráulicos se congelaban. Al principio los aviones eran envueltos en abrigos de paja y bien
pronto ya ni esto fue suficiente; los mecánicos dormían entonces a intervalos y varias veces
por la noche calentaban los motores para que al amanecer pudieran arrancar. Los vuelos se
racionaron dejando únicamente a los pilotos más expertos. Para colmo, la segunda flota
263