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DERROTA MUNDIAL
Soviet. Así pensaba la gran mayoría del pueblo". Agrega que cuando los alemanes llegaron
a orillas de Leningrado, masas de milicianos rusos sacados de los talleres y las fábricas
fueron lanzadas a detenerlos. "Aquellos desdichados perecieron ametrallados y aplastados
por los tanques alemanes; muchos se rindieron al enemigo y el sobrante fue muy pronto
disuelto y distribuido en las unidades regulares del ejército rojo. El bluff de la Milicia Na-
cional costó centenares de miles de vidas".
Los bombardeos aéreos principiaron el 7 de septiembre y fueron destruidos los
"Depósitos de Bodeff", donde se hallaban almacenados los víveres. "Aumentaban los
enfermos y hospitalizados —dice el Dr. Constantinov—; mas a nadie se le ocurrió dar de
baja a aquellos hombres... Nunca pude comprender, ni lo comprendo hoy, por qué el
ejército alemán no entró en Leningrado, pues la ciudad hubiera podido ser ocupada sin
disparar un tiro. En la línea de fuego que en algunos de sus sectores coincidía con la
periferia de la ciudad, combatían los desmoralizados restos de un ejército en retirada.
"La ración era de 125 gramos de pan por persona y por día. Ya en el mes de
noviembre comenzaron a venderse chuletas de carne humana. La ciudad padecía hambre
en proporciones incomprensibles para quienes no han pasado por idéntico trance. En la
calle se veía gente de cara amoratada por falta de nutrición. La temperatura era de 25
grados bajo cero... Era suficiente con que rodara por tierra un animal para que de todas
partes acudiera corriendo la gente, ávida de hacer literalmente pedazos de la pobre bestia".
Refiriéndose a las iniciales esperanzas de que la invasión de Rusia produjera una favorable
modificación de la tiranía bolchevique, el doctor Constantinov dice: "Ese estado de ánimo
no era solamente el mío, sino el de casi todos al estallar la guerra. Nadie experimentaba
odio por los alemanes. Al contrario, la actitud hacia ellos habría podido concretarse en la
siguiente reflexión:'en cualquiera de los casos, peores que éstos no han de ser...
Con todo, la dominación comunista de tantos años producía sus efectos; aunque a
desgano, los hombres marchaban al frente y se hacían matar, acallando por temor cualquier
manifestación de descontento o protesta. Aquella dominación y el hábito de una obediencia
mecánica y ciega, como si se tratara de fieras domesticadas, fue siempre y seguirá siendo un
factor consustancial del ejército rojo, particularidad que no deben olvidar quienes deban
entrar en contacto con él". Afirma Constantinov que los prisioneros y la población rusa eran
tratados bien por las tropas alemanas del frente, pero la cosa cambiaba fundamentalmente
cuando pasaban al control de las autoridades alemanas de ocupación. "En mala hora —
comenta— el régimen de Hitler no quiso aceptar al pueblo ruso como aliado suyo en la
guerra contra la URSS y, en lugar de buscar dicha colaboración, optó por la Ostopolitik, de
Rosemberg; con dicha actitud se declararon ios alemanes enemigos de toda la población de
la URSS...
"Si los alemanes, una vez posesionados de parte del territorio ruso, hubiesen
constituido de inmediato un gobierno nacional ruso y echado mano de los prisioneros para
organizar un ejército libertador, es muy posible que sus tropas habrían sido recibidas con
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