DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 248

Salvador Borrego sufrían muchas bajas para abrir estrechos caminos, señalados con rayas blancas, por los que luego avanzaban la infantería y los tanques. En una vasta zona al poniente de Leningrado, poderosos contingentes bolcheviques se hicieron fuertes en la costa y recibieron el apoyo de una cortina de fuego que la flota soviética del Báltico tendió sobre ellos desde el mar. En esta batalla los Stukas alemanes desempeñaron un papel decisivo al lanzarse sobre los barcos. El fuego antiaéreo era particularmente violento —más de mil cañones en cien kilómetros cuadrados— y una nube de granadas cubría el espacio. No sin grandes bajas la Luftwaffe logró al fin hundir los acorazados "Marat" y "Revolución de Octubre", así como varios cruceros y destructores. La infantería alemana pudo entonces arrollar al adversario. En un período de dos meses las tropas de Von Leeb hicieron 216,000 prisioneros. Del 10 de agosto al 8 de septiembre el 4º ejército blindado del general Hoeppner, que era la punta de lanza de Von Leeb, libró una encarnizada batalla para perforar las fortificaciones al sur y sureste de Leningrado y cercar la plaza. Voroshilov movilizó a toda la población civil para evitar que la ciudad cayera. Dos factores se conjugaro n entonces para salvar a la antigua metrópoli: por una parte Hitler toleró las modificaciones que a su Plan Barbarroja habían hecho los general Von Brauchitsch y Halder; por otra parte, el mando ruso obró con implacable frialdad y decidió sostener la plaza aunque perecieran centenares de millares de civiles. Es de justicia reco- nocer que la fanática defensa de Leningrado constituye un extraordinario ejemplo de sacrificio que quizá sólo el pueblo soviético —endurecido-por siglos de sufrimiento y privaciones— es capaz de realizar. Oficialmente nunca se revelaron las bajas soviéticas en Leningrado, pero diversos conocedores de los asuntos rusos —entre ellos el periodista norteamericano William L. White— coinciden en que los cálculos varían entre medio millón y millón y medio de muertos. El capitán ruso doctor Dimitri Constantinov refiere así el estado psicológico que imperaba en Leningrado al iniciarse la guerra germanosoviética: 112 "¿Obtendrían con la guerra su libertad los 20 millones de seres que se consumían en los campos de concentración soviéticos? ¿No señalaría este día el principio del renacimiento de Rusia? Me imaginé a mi patria de nuevo libre y nacional; otra vez Rusia y no la URSS. ¿Sería ésta una guerra de liberación o de conquista? Si el enemigo venía en son de conquista y sin otro propósito que avasallar nuestra patria, había que defenderse por todos los medios, relegando para más tarde el arreglo de cuentas con los amos del 112 Yo combatí en el Ejército Rojo.—Dr. Dimitri Constantinov. 248