DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 91

DERROTA MUNDIAL Desde siglos antes el servicio militar había inculcado reverente culto por la Patria y la nacionalidad; las universidades habían abierto todas las puertas del conocimiento humano a una enorme masa de ciudadanos. Hitler se encontró así a un pueblo culto, pero que gra- cias a sus reservas vitales —y al ejercicio de la fuerza de voluntad desde la escuela hasta el cuartel— no había caído en la degeneración libresca del intelectualoide que repudia la acción, el esfuerzo, el sacrificio y la disciplina. Este último disfraza su pereza con sapiencia, pero en vez de una acción sostenida sólo realiza un estéril mariposeo de idea en idea. Por otra parte, la dictadura de Hitler en Alemania tenía un significado muy distinto a las dictaduras habidas en otros países, donde los dictadores imponen su dominio y el de su camarilla, pero no imponen métodos para realizar ideales. Es ésta una fundamental dife- rencia. Cuando un pueblo ansia sustraerse al dominio de un grupo político, ese anhelo es una fuerza libertadora. Por eso Spengler dice que en esencia "la libertad tiene algo de negativo; desata, liberta, defiende; ser libre es siempre quedar libre de algo". Pero en la Alemania nacionalsocialista el pueblo no deseaba sustraerse a su ideal de grande za y a su aspiración de adquirir espacio para vivir. No deseaba libertarse de su ideal nacionalista; y supuesto que Hitler implantaba una dictadura para realizar esos ideales, el pueblo estaba con él. La dictadura la llevaba el pueblo en su propia alma y era la dictadura de sus ideales. Por eso Hitler —que fue símbolo viviente y bandera humana de esos anhelos— arrastró multitudes. Esto constituía la característica específica, diacrítica, propia, de la dictadura nacionalsocialista. La dictadura es un instrumento, no una "cosa en sí"; puede ser buena o mala, querida u odiada, según el fin a que se oriente. 458 años antes de nuestra Era, cuando los romanos se hallaban aflictivamente sitiados por los ecuos, recurrieron a Lucio Quincio Cincinato y lo nombraron dictador. Cincinato organizó nuevos ejércitos, restableció la confianza y derrotó a los ecuos. Frecuentemente se ha visto en la historia que los pueblos en zozobra recurren a la voluntad de un hombre para encontrar su propio camino y cuando en esos momentos aflictivos hallan a ese hombre resuelto a asumir la responsabilidad de todos, la tensión disminuye y la esperanza resurge. La dictadura es una necesidad esporádica en la historia de la humanidad. Si en el caso de Alemania se la vilipendió tanto, fue por intereses partidistas, mas no porque en realidad fuera un régimen contrario a la voluntad popular. La dictadura nazi irrumpió duramente en la vida de Alemania. Hitler mismo lo advirtió así: "El Nacionalsocialismo no es ninguna doctrina de quietud; no es una doctrina de goce, sino de esfuerzo y de lucha". Y sin embargo halló adhesión entusiasta porque no era molicie lo que el pueblo deseaba. Así lo revelaban ya los pensadores alemanes después de 1918 al quejarse de que "ahora vivimos el happy end de una existencia sin contenido, a través de cuyo aburrimiento, la música de jazz y los bailes negros entonan la marcha fúnebre de una gran cultura. Hacemos el muerto como insectos humanos". (Spengfer). 91