-Hola detective, un tal Ron (que supongo que es su compadre) me ha dicho que me querías ha…
-Sí, Prim, toma asiento.
-¿Quién le ha dicho mi nombre? –preguntó ella. Tenía un acento francés, y parecía que cantaba cuando hablaba.
-Soy un detective –sonreí ampliamente.
Ella sonrió también, y noté un brillo en sus ojos verdes de porcelana, que acompañaban su pelo marrón café.
-Bueno, ¿qué desea de mí?
-Deseo conocer a mis sospechosos.
-Oh, vamos. ¿No creerá que yo... maté a ese tipo, verdad? No sabía ni cuantos años tenía.
-Nunca dije esto. Sólo quiero investigar a la gente que estaba alrededor del delito, es decir, ¿no se dio cuenta, cuando lustró el piso, que había un olor a muerto abundante?
Ella se puso triste de repente, como si le hubieran dado una puñalada en el corazón.
-No… Yo… Yo no tengo olfato –dijo ella.
-¿Desde cuándo que no tienes?
-Desde los 5 años. Pero… no importa. Ahora, si le importa, me tengo que ir…
-¿Por qué tienes tanta prisa?
-Porque… tengo… que juntarme con… mi…novio.
Sin embargo, no podía retirarse, algo en su cuerpo no permitía que se moviera de su asiento.
-Detective, la madre de Ash… Había venido varias veces al club, y lo maltrataba. Podría ser sospechosa. –Luego se acercó más a mí y me dijo en un susurro- Ah, y Bonnie Twill… No es por nada, pero ella estaba enamorada (o simplemente gustaba) de Ash.
Y en ese momento, se levantó de su silla, y cerró la puerta detrás de ella. ¿Por qué diablos toda la gente se iba de mi despacho tan rápido?
Fue el turno de Bonnie. Entró en unos 10 minutos.
-Hola, Bonnie.
-Hola, detective. Necesito irme en 5 minutos, tengo una mujer a la que le tengo que limpiar la casa.
¿Ya ven? Siempre se van rápido.