Cuentos policiales 6 B | Page 23

eso, los guardias se fijaban si faltaba algún cuadro, y si!, faltaba el que todos aquella tarde admiraban tanto. En ese momento, decidimos ir a la casa de la mujer que había llamado. Cuando llegamos la mujer nos dijo que pocas cuadras despúes de salir del museo el sospechoso se había subido a un auto con la patente ABC123. En la comisaría averiguamos y se trataba de un remis. Fuimos a la casa de su dueño. Allí le hicimos preguntas y nos dijo a dónde había llevado a esa persona. Como no sabíamos bien si era o no cómplice decidímos llevarlo con nosotros en el patrullero. Cuando llegamos al domicilio que nos había indicado, entramos y revisamos todo. Arriba no había nada, pero muy astutamente, Dolores vio una puerta que llevaba al sótano. Allí, debajo de un montón de tierra y cosas absurdas, estaba el cuadro. Los llevamos a ambos, al ladrón y al dueño del auto, a la comisaría para que pudieran declarar. El supuesto "cómplice" era en realidad un simple remisero. El ladrón, en cambio, era uno de los más buscados en su país (venía de Holanda) y había decidido quedarse acá para que no lo atraparan, pero no fue así porque siguió cometiendo robos espectaculares. Cuando lo interrogamos él nos contó todo sobre su plan: había robado las llaves al guardia de seguridad y las duplicó. Despúes "devolvió" las llaves originales diciendo que se le habían caído. Se había escondido durante toda la tarde y la noche en el baño. Cuándo salió, agarró su linterna, tomó el cuadro y se lo llevó. Llegando al patio se le acabaron las pilas y la linterna se apagó. Se tropezó entonces con la estatua del viejo museo y se mojó la arcilla con el agua de la fuente. Cuando pisó la arcilla sus zapatos quedaron manchados. Luego, salió corriendo.

Al ladrón lo metimos preso y el cuadro lo devolvimos a dónde pertenecía.