Cuentos policiales 6 B | Page 22

Un verano misterioso

Era el verano de 2009. Por ese entonces yo era detective en Mar de Ajó. Me acuerdo de aquel robo cometido en el museo Vicent Van Gogh. Paso a contar la historia: era de mañana y, como todos los días, los turistas venían al museo. La mayoría se impresionaba con el cuadro nuevo que habían colocado de un artista desconocido, según decían era maravilloso. La mañana transcurrió normalmente y la tarde, cuando yo fui a visitar el museo, también.

En la madrugada jugaba al solitario en la estación de policía y decidí hacerme un café. Mientras lo preparaba escuché que una mujer hablaba por teléfono diciendo que había visto a alguien con un pasamontañas y un gran paquete saliendo del museo. Decidí hacerme cargo del caso y le pedí a mi ayudante, Dolores, que me pasara todos los datos de la mujer que había llamado. Me comuniqué con las autoridades del museo y fuimos para allá. Entramos con mucho cuidado tratando de observar todo lo que podía ser sospechoso y vimos pisadas. Las seguimos y descubrimos que nos llevaban a la fuente, además había una escultura en el suelo del mismo color que las pisadas. Mientras suponíamos todo eso, los guardias se fijaban si faltaba algún cuadro, y si!, faltaba el que todos aquella tarde admiraban tanto. En ese momento, decidimos ir a la casa de la mujer que había llamado. Cuando llegamos la mujer nos dijo que pocas cuadras despúes de salir del museo el sospechoso se había subido a un auto con la patente ABC123. En la comisaría averiguamos y se trataba de un remis. Fuimos a la casa de su dueño. Allí le hicimos preguntas y nos dijo a dónde había llevado a esa persona. Como no sabíamos bien si era o no cómplice decidímos llevarlo con nosotros en el patrullero. Cuando llegamos al domicilio que nos había indicado, entramos y revisamos todo. Arriba no había nada, pero muy astutamente, Dolores vio una puerta que llevaba al sótano. Allí, debajo de un montón de tierra y cosas absurdas, estaba el cuadro. Los llevamos a ambos, al ladrón y al dueño del auto, a la comisaría para que pudieran declarar. El supuesto "cómplice" era en realidad un simple remisero. El ladrón, en cambio, era uno de los más buscados en su país (venía de Holanda) y había decidido quedarse acá para que no lo atraparan, pero no fue así porque siguió cometiendo robos espectaculares. Cuando lo interrogamos él nos contó todo sobre su plan: había robado las llaves al guardia de seguridad y las duplicó. Despúes "devolvió" las llaves originales diciendo que se le habían caído. Se había escondido durante toda la tarde y la noche en el baño. Cuándo salió, agarró su linterna, tomó el cuadro y se lo llevó. Llegando al patio se le acabaron las pilas y la linterna se apagó. Se tropezó entonces con la estatua del viejo museo y se mojó la arcilla con el agua de la fuente. Cuando pisó la arcilla sus zapatos quedaron manchados. Luego, salió corriendo.

Al ladrón lo metimos preso y el cuadro lo devolvimos a dónde pertenecía.