Las Joyas De Montecarlo
Un día, me desperté con un llamado telefónico de la policía que me pedía que fuera urgente porque habían asesinado a la reina de Montecarlo y le habían robado las joyas.
Rápidamente pedí un pasaje al lugar de crimen. Cuando llegué la noticia estaba en todos los diarios y todos hablaban del robo.
Me alojé en un hotel de inmediato y me fui lo más rápido posible al lugar del crimen. Cuando llegué vi el cadáver de una mujer tirado en el piso, al verlo me pregunté “¿quién podría haberla matado a sangre fría?”.
Miré a mi alrededor y no había nada roto, ni escombros, ni tampoco una puerta forzada; pero sí había un agujero con pegamento debajo de la cama. Eso me hizo pensar que el ladrón era una persona de mucha astucia porque al hacer ese boquete que quedó escondido debajo de la cama nadie lo vio entrar.
Luego de ver la situación me fui a mi hotel a pensar. Yo sospechaba de dos personas familiares de la reina, o eso creía yo. A los familiares de la reina se los escuchaba decir: "esa señora tiene una gran fortuna y no la quiere compartir". Las personas que yo tenía bajo sospechaba eran: J. J. Junior y Tom Cruise. Ellos tenían una actitud sospechosa, siempre parecían buenos y muy amables, pero como dice el dicho "esperate lo inesperado". Los dos eran muy cercanos a la familia, muy ambiciosos por el dinero y la fama, y se desconocía de qué trabajaban y de dónde provenían sus fortunas.
Mi primera hipótesis fue que era J. J. Junior porque, si bien él tenía mucho dinero y monedas, su avaricia lo podía