CUENTOS HERMANOS GRIM cuentos_hermanos_grimm_edincr | Page 94

Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica El avaro quedó muy satisfecho del contrato que le ahorraba mucho dinero. Al día siguiente el oficial forastero fue el que dio el primer martillazo cuando el maestro llevó la barra de hierro, ardiendo; le dio tal golpe, que el hierro se rompió y saltó, y el yunque se hundió tan profundamente en el suelo que no pudieron volverle a sacar. El maestro, incómodo, le dijo: -No sirves para el oficio, porque pegas muy fuerte; ¿qué quieres que te dé por ese martillazo que has pegado? -No quiero más que darte un puntillazo, uno solo. Y le dio tal puntillazo, que le hizo saltar por encima de cuatro carros de heno. Después buscó la barra de hierro más gruesa que pudo hallar en la fragua y cogiéndola como un bastón, continuó su camino. Un poco más lejos llegó a una granja y preguntó a su dueño si necesitaba algún criado. -Sí -le respondió-, necesito uno. Tú me pareces un muchacho muy vigoroso y que sabes tu obligación. Pero ¿cuanto quieres de salario? Le respondió que no quería salario, que se contentaba con darle todos los años tres trompis, que se obligaría a recibir. El extranjero se alegró mucho de este contrato porque era también muy avaricioso. Al día siguiente había que ir a buscar madera al bosque, los otros criados estaban ya de pie, pero nuestro joven se hallaba aun en la cama. Uno de ellos le gritó: -Levántate, que ya es hora, vamos al bosque y es preciso que vengas con nosotros. -Id delante, -le contestó bruscamente-, yo estaré de vuelta mucho antes que vosotros. Los otros fueron a buscar al amo y le dijeron que el criado nuevo estaba todavía acostado y no quería ir con ellos al bosque. El amo les dijo que fueran a despertarle otra vez y le dieron orden de enganchar los caballos. Per o nuestro hombre les volvió a responder: -Id delante, que yo estaré de vuelta antes que vosotros. Todavía estuvo acostado dos horas; al cabo de este tiempo se levantó y después de haber cogido dos fanegas de guisantes y hacerse un buen cocido que comió tranquilamente enganchó los caballos para conducir la carreta al bosque. Para llegar a este sitio había que pasar por un camino que se hallaba en una hondonada; hizo pasar primero la carreta, después, deteniendo los caballos volvió atrás, cubrió el camino con árboles y malezas, de modo que no era posible pasar. Cuando entró en el bosque los otros volvían ya con sus carretas cargadas y les dijo: -Id delante, que yo estaré en casa antes que vosotros. Sin andar más, se contentó con arrancar dos árboles enormes que echó en su carreta y después se volvió por el mismo camino. Cuando los halló detenidos y sin poder pasar delante de los árboles que había preparado con aquel objeto les dijo: 94