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Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
-Si os hubierais quedado en casa esta mañana como yo, habríais dormido una hora más y no
entraríais esta noche otra hora más tarde.
Y como no podían avanzar sus caballos, los desenganchó, los puso encima de la carreta y cogiendo
él mismo la lanza en la mano, cargó con todo como si fuera un puñado de plumas. Cuando estuvo
al otro lado:
-Ved, -les dijo-, como llego mucho antes que vosotros; -y continuó su camino sin aguardarlos. Al
llegar cogió un árbol en la mano, y le enseñó al amo, diciendo:
-¿No es este un hermoso tronco?
El amo dijo a su mujer:
-Este es un buen criado, si se levanta más tarde que los demás, también está de regreso antes que
ellos.
Sirvió al granjero durante un año. Cuando éste expiró y recibieron su salario los otros criados,
quiso también cobrarse el suyo. Pero el amo, atemorizado por la perspectiva de los golpes que
tenía que recibir, le suplicó en el acto se los perdonase, declarándole que prefería ser él mismo su
criado y cederle la granja.
-No, -le respondió-, yo no quiero la granja, soy criado y quiero continuar siéndolo, pero lo que se
ha convenido debe ejecutarse.
El granjero le ofreció darle todo lo que quisiera, pero fue en vano, pues respondía siempre:
-No.
Le pidió un plazo de quince días para buscar alguna escapatoria. El otro consintió.
El arrendatario reunió entonces a todos sus criados y les pidió su parecer. Después de haber
reflexionado por mucho tiempo respondieron que con un criado semejante nadie estaba seguro de
su vida y que mataría a un hombre como a una mosca. Fueron, pues, de parecer que se le hiciera
bajar al pozo, so protesto de limpiarle, y en cuanto estuviera abajo, echarle encima de la cabeza una
porción de piedras de molino que estaban allí cerca, de modo que le matasen en el acto.
El consejo agradó al arrendatario y el criado se apresuró a bajar al pozo. En cuanto estuvo en
el fondo, le arrojaron aquellas enormes piedras creyendo que le desharían la cabeza, pero él les
gritaba desde abajo:
-Echad las gallinas de ahí, arañan en la arena y me cae en los ojos, me han cegado.
El arrendatario hizo ¡spcha! ¡spcha! como si echara las gallinas. Cuando concluyó y subió el
criado.
-Mira; -le dijo-, qué hermoso collar.
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