Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
El Hombre de la Piel de Oso
Un joven se alistó en el ejército y se portó con mucho valor, siendo siempre el primero en todas
las batallas. Todo fue bien durante la guerra, pero en cuanto se hizo la paz, recibió la licencia y
orden para marcharse donde le diera la gana. Habían muerto sus padres y no tenía casa, suplicó a
sus hermanos que le admitiesen en la suya hasta que volviese a comenzar la guerra; pero tenían el
corazón muy duro y le respondieron que no podían hacer nada por él, que no servía para nada y que
debía salir adelante como mejor pudiese. El pobre diablo no poseía más que su fusil, se lo echó a
la espalda y se marchó a la ventura.
Llegó a un desierto muy grande, en el que no se veía más que un círculo de árboles. Se sentó allí a
la sombra, pensando con tristeza en su suerte.
-No tengo dinero, no he aprendido ningún oficio; mientras ha habido guerra he podido servir al
rey, pero ahora que se ha hecho la paz no sirvo para nada; según voy viendo tengo que morirme
de hambre.
Al mismo tiempo oyó ruido y levantando los ojos, distinguió delante de sí a un desconocido
vestido de verde con un traje muy lujoso, pero con un horrible pie de caballo.
-Sé lo que necesitas, -le dijo el extraño-, dinero; tendrás tanto como puedas desear, pero antes
necesito saber si tienes miedo, pues no doy nada a los cobardes.
-Soldado y cobarde, -respondió el joven-, son dos palabras que no se han hermanado nunca. Puedes
someterme a la prueba que quieras.
-Pues bien, -repuso el forastero-, mira detrás de ti.
El soldado se volvió y vio un enorme oso que iba a lanzarse sobre él dando horribles gruñidos.
-¡Ah! ¡Ah! -exclamó-, voy a romperte las narices y a quitarte la gana de gruñir; y echándose el fusil
a la cara, le dio un balazo en las narices y el oso cayó muerto en el acto.
-Veo, -dijo el forastero-, que no te falta valor, pero debes llenar además otras condiciones.
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