CUENTOS HERMANOS GRIM cuentos_hermanos_grimm_edincr | Page 83

Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica El Hombre de la Piel de Oso Un joven se alistó en el ejército y se portó con mucho valor, siendo siempre el primero en todas las batallas. Todo fue bien durante la guerra, pero en cuanto se hizo la paz, recibió la licencia y orden para marcharse donde le diera la gana. Habían muerto sus padres y no tenía casa, suplicó a sus hermanos que le admitiesen en la suya hasta que volviese a comenzar la guerra; pero tenían el corazón muy duro y le respondieron que no podían hacer nada por él, que no servía para nada y que debía salir adelante como mejor pudiese. El pobre diablo no poseía más que su fusil, se lo echó a la espalda y se marchó a la ventura. Llegó a un desierto muy grande, en el que no se veía más que un círculo de árboles. Se sentó allí a la sombra, pensando con tristeza en su suerte. -No tengo dinero, no he aprendido ningún oficio; mientras ha habido guerra he podido servir al rey, pero ahora que se ha hecho la paz no sirvo para nada; según voy viendo tengo que morirme de hambre. Al mismo tiempo oyó ruido y levantando los ojos, distinguió delante de sí a un desconocido vestido de verde con un traje muy lujoso, pero con un horrible pie de caballo. -Sé lo que necesitas, -le dijo el extraño-, dinero; tendrás tanto como puedas desear, pero antes necesito saber si tienes miedo, pues no doy nada a los cobardes. -Soldado y cobarde, -respondió el joven-, son dos palabras que no se han hermanado nunca. Puedes someterme a la prueba que quieras. -Pues bien, -repuso el forastero-, mira detrás de ti. El soldado se volvió y vio un enorme oso que iba a lanzarse sobre él dando horribles gruñidos. -¡Ah! ¡Ah! -exclamó-, voy a romperte las narices y a quitarte la gana de gruñir; y echándose el fusil a la cara, le dio un balazo en las narices y el oso cayó muerto en el acto. -Veo, -dijo el forastero-, que no te falta valor, pero debes llenar además otras condiciones. 83