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Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
El rey, que quería evitar a su querida hija todo género de desgracias, dio la orden de que se quemasen
todos los husos de su reino; pero la joven se hallaba adornada de todas las gracias que la habían
concedido las hadas, pues era muy hermosa, amable, graciosa y entendida, de manera, que cuantos
la veían, sentían hacia ella el mayor cariño. Mas al llegar el día en que cumplió los quince años, dio
la casualidad de que se hallase sola en palacio por haber salido el rey y la reina; comenzó a recorrer
aquella vasta morada, deseosa de saber lo que contenía y vio una tras otra todas las habitaciones
hasta que llegó a una torre muy elevada; subió una estrecha escalera y llegó a una puerta, la cual
no se tardó en abrir, dejándola ver una pequeña habitación, donde se hallaba una anciana con su
huso hilando con la mayor laboriosidad.
-Buenos días, abuelita, -dijo la princesa-, ¿qué haces?
-Estoy hilando, -contestó la anciana haciendo una cortesía con la cabeza.
-¿Qué es eso que se mueve con tanta ligereza? -continuó diciendo la niña; y fue a coger el huso
para ponerse a hilar; pero apenas le había tocado, se realizó el encanto y se hirió en el dedo.
En el mismo instante en que sintió la cortadura fue a parar a su cama, donde cayó en un profundo
sueño, el cual se extendió a todo el palacio. El rey y la reina, que habían entrado en aquel mismo
momento se quedaron dormidos, igualmente que toda la corte; también se durmieron los caballos
en la cuadra, los perros en el patio, las palomas en el techo, las moscas en la pared, y hasta el
fuego que ardía en el fogón dejó de arder, y la comida cesó de cocer, y el cocinero y los pinches se
durmieron por último, para que no quedase nadie despierto. Cesó también el vien to y no volvió a
moverse ni aun la hoja de un árbol de los alrededores del palacio.
No tardó mucho en nacer y crecer un zarzal en torno de aquel edificio, el cual fue haciéndose
más grande cada día hasta que le cercó por completo, de manera que ni aun su techo se veía, y
solo los ancianos del país podían dar alguna noticia de la hermosa Briar Rose que se hallaba allí
dormida; pues con este nombre era conocida la princesa, y de tiempo en tiempo venían algunos
príncipes que querían penetrar a través de la zarza en el palacio, mas les era imposible, pues las
espinas se cerraban fuertemente, y los jóvenes quedaban cogidos por ellas, no pudiendo muchas
veces soltarse, de modo que morían allí. Trascurridos muchos, muchos años, fue un príncipe a
aquel país y oyó lo que refería un anciano de aquella zarza, detrás de la cual había un palacio, en
el que dormía desde el siglo anterior una hermosa princesa, llamada Briar Rose, y con ella estaban
dormidos el rey y la reina y toda la corte. Añadió además haber oído decir a su abuelo que muchos
príncipes habían tratado ya de atravesar por el zarzal, pero que no lo habían podido conseguir,
quedando en él muertos.
Entonces dijo el doncel:
-Yo no tengo miedo y he de ver a la bella Briar Rose.
El buen anciano quiso distraerle de su propósito, mas viendo que no lo conseguía, le dejó entregarse
a su suerte. Pero precisamente entonces habían trascurrido los cien años y llegado el día, en el cual
debía despertar, Briar Rose. Cuando se acercó el príncipe a la zarza, la halló convertida en un
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