Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
Y metiendo la mano en su bolsillo sacó el queso que llevaba en él y lo apretó en su mano de manera
que le sacó todo el jugo que tenía.
-¿Qué te parece?, -añadió-; ¿hay alguna diferencia entre los dos?
El gigante no sabía qué decir y no comprendía que un enano pudiera tener tantas fuerzas. Cogió
otro guijarro y lo tiró tan alto que apenas lo distinguía la vista más perspicaz y le dijo:
-Vamos, hombrecillo, haz lo que yo.
-Bien tirado, -dijo el sastre-, pero la piedra ha caído. Yo voy a tirar otra que no caerá.
Y sacando el pájaro que estaba en su bolsillo lo echó a volar.
El pájaro, contento al verse libre, partió más rápido que una flecha y no volvió más.
-¿Qué dices ahora, camarada?, -añadió.
-Está muy bien hecho, -respondió el gigante-; mas quiero ver si cargas tanto como lejos tiras.
Y condujo al sastrecillo delante de una enorme encina que estaba caída en el suelo.
-Si verdaderamente tienes fuerzas, -le dijo-, es preciso que me ayudes a levantar este árbol.
-Con mucho gusto, -contestó el hombrecillo-, carga el tronco en tus espaldas, yo cargaré con las
ramas y la copa que es lo más pesado.
El gigante se echó el tronco a espaldas, pero el sastrecillo se sentó en una rama de manera que
el gigante, que no podía mirar hacia atrás, llevaba todo el árbol y además al sastre que se había
instalado pacíficamente y cantaba con la mayor alegría:
-Iban juntos tres sastres a caballo una tarde.
Como si hubiera sido para él un juego de niños el llevar un árbol. El gigante anonadado bajó el
peso y no pudiendo resistir dar algunos pasos, gritó:
-Mira, voy a tirarle al suelo.
El hombrecillo saltó muy listo en tierra y cogiendo el árbol entre sus brazos como si hubiera
llevado lo que le correspondía dijo al gigante:
-Bien flojo eres para ser tan alto.
Continuaron su camino y acertando a pasar por delante de un cerezo, cogió el gigante la copa
del árbol donde se hallaba la más madura y encorvándole hasta el suel