CUENTOS HERMANOS GRIM cuentos_hermanos_grimm_edincr | Page 109

Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica Y metiendo la mano en su bolsillo sacó el queso que llevaba en él y lo apretó en su mano de manera que le sacó todo el jugo que tenía. -¿Qué te parece?, -añadió-; ¿hay alguna diferencia entre los dos? El gigante no sabía qué decir y no comprendía que un enano pudiera tener tantas fuerzas. Cogió otro guijarro y lo tiró tan alto que apenas lo distinguía la vista más perspicaz y le dijo: -Vamos, hombrecillo, haz lo que yo. -Bien tirado, -dijo el sastre-, pero la piedra ha caído. Yo voy a tirar otra que no caerá. Y sacando el pájaro que estaba en su bolsillo lo echó a volar. El pájaro, contento al verse libre, partió más rápido que una flecha y no volvió más. -¿Qué dices ahora, camarada?, -añadió. -Está muy bien hecho, -respondió el gigante-; mas quiero ver si cargas tanto como lejos tiras. Y condujo al sastrecillo delante de una enorme encina que estaba caída en el suelo. -Si verdaderamente tienes fuerzas, -le dijo-, es preciso que me ayudes a levantar este árbol. -Con mucho gusto, -contestó el hombrecillo-, carga el tronco en tus espaldas, yo cargaré con las ramas y la copa que es lo más pesado. El gigante se echó el tronco a espaldas, pero el sastrecillo se sentó en una rama de manera que el gigante, que no podía mirar hacia atrás, llevaba todo el árbol y además al sastre que se había instalado pacíficamente y cantaba con la mayor alegría: -Iban juntos tres sastres a caballo una tarde. Como si hubiera sido para él un juego de niños el llevar un árbol. El gigante anonadado bajó el peso y no pudiendo resistir dar algunos pasos, gritó: -Mira, voy a tirarle al suelo. El hombrecillo saltó muy listo en tierra y cogiendo el árbol entre sus brazos como si hubiera llevado lo que le correspondía dijo al gigante: -Bien flojo eres para ser tan alto. Continuaron su camino y acertando a pasar por delante de un cerezo, cogió el gigante la copa del árbol donde se hallaba la más madura y encorvándole hasta el suel