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Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
Pero los reyezuelos continuaron gritando y haciendo ruido, y dijeron a sus padres en cuanto
vinieron a traerles de comer:
-El oso ha venido a insultarnos, no nos menearemos de aquí y no comeremos nada hasta que hayáis
dejado bien puesta nuestra reputación.
-No tengáis cuidado, -les dijo el rey-, volveré por vuestra honra.
Y marchó volando con la reina hasta el agujero del oso, donde le gritó:
-Viejo gruñón, ¿por qué has insultado a mis hijos? Te pesará, porque vamos a hacerte una guerra
a muerte.
Declarada la guerra, el oso llamó en su auxilio al ejército de los cuadrúpedos, el buey, la vaca, el
asno, el ciervo, el corzo y todos sus semejantes. El reyezuelo convocó por su parte a todos los que
vuelan por los aires, no solo a los pájaros grandes y pequeños, sino también a los insectos alados:
tales como las moscas, cínifes, abejas y avispas. Cuando llegó el día de la batalla, el reyezuelo
envió espías para saber quién era el general del ejército enemigo; el cínife, como el más pequeño
de todos, voló al bosque donde estaba reunido el enemigo y se ocultó bajo la hoja de un árbol, a
cuyo alrededor se hallaba deliberando el consejo. El oso llamó al zorro y le dijo:
-Compadre, tú eres el más astuto de todos los animales, tú serás nuestro general.
-Con mucho gusto, -contestó-, pero es preciso convenir en una señal.
Nadie se atrevió a decir una palabra.
-Pues bien, -continuó- yo tengo una cola muy hermosa, larga y espesa como un penacho rojo;
mientras la tenga levantada en alto, las cosas van bien y marcháis adelante; pero en cuanto la baje
al suelo, será la señal de sálvese el que pueda.
El cínife, que había comprendido bien, fue al punto a contárselo todo al reyezuelo.
Al rayar la aurora, recorrían los cuadrúpedos el campo de batalla; galopando de tal manera que
la tierra temblaba bajo sus pies. El reyezuelo apareció en los aires con su ejército, que zumbaba,
gritaba y volaba por todas partes de un modo que causaba vértigos. Se atacaron con furor. Pero
el reyezuelo envió a la avispa con la orden de colocarse bajo la cola del zorro y picarle con todas
sus fuerzas. El zorro no pudo menos de dar un salto al primer aguijonazo, pero conservando, sin
embargo, la cola en el aire; al segundo se vio obligado a bajarla un instante; pero al tercero no
pudo tenerla alzada por más tiempo y la apretó entre las piernas dando agudos gritos. Al ver esto,
creyeron los cuadrúpedos que se había perdido todo y comenzaron a huir cada uno a su agujero, y
así ganaron la batalla los pájaros.
El rey y la reina volaron enseguida a su nido, exclamando:
-Somos vencedores, hijos; bebed y comed alegremente.
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