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Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica El Oso y el Reyezuelo El oso y el lobo se paseaban un día por el bosque, cuando el oso oyó cantar a un pájaro. -Hermano lobo, -le preguntó-, ¿quién es ese hermoso cantor? -Es el rey de los pájaros, -contestó el lobo-, debemos saludarle. Era en efecto el reyezuelo. -En ese caso, -dijo el oso-, Su Majestad tendrá su correspondiente palacio. Me alegraría verle. -Eso no es tan fácil como piensas, -replicó el lobo-, pues es preciso aguardar a que esté en él la reina. La reina llegó en este intermedio, la cual, lo mismo que el rey, tenía en su pico gusanillos para dar de comer a sus hijuelos. El oso los hubiera seguido con mucho gusto, pero le detuvo el lobo por la manga, diciéndole: -No, espera a que salgan. Tuvieron únicamente cuidado con el lugar donde se hallaba el nido y continuaron su camino. Mas el oso no podía parar de curiosear hasta ver el palacio del rey de los pájaros y no tardó en volver. El rey y la reina estaban fuera; dirigió una mirada a hurtadillas y vio cinco o seis pajarillos acostados en el nido. -Si es este el palacio, -exclamó-, es un palacio bien triste; y en cuanto a vosotros, vosotros no sois hijos de un rey, sino unas criaturas bien pequeñas e innobles. Los reyezuelos se incomodaron mucho al oír esto y comenzaron a gritar: -No, no, no, nosotros no somos lo que nos dices; nuestros padres son nobles; pagarás cara esta injuria. El lobo y el oso tomaron miedo al oír esta amenaza y se refugiaron en sus agujeros. 99