Bajo la cama
Hoy de nuevo estaba leyendo en mi cama, cuando de pronto sentí cómo
golpeaban desde abajo, me quedé estático.
―Es él ―susurré.
La caja musical de mi pieza comenzó a sonar, mi piel se erizó y el frío se hizo
presente en mi habitación.
Sentía mi cuerpo helado, miré de reojo y pude ver cómo empezaba a asomar la
cabeza en los pies de la cama; bajé corriendo para ver si estaba alguien en
casa.
No había nadie, solo yo. Fui a la cocina y busqué algo para darle de comer,
porque en el fondo ya somos amigos; después de todo convivo con él desde
siempre.
Subí a mi cuarto y le dejé en el piso el plato con comida; pude ver cómo
sacaba la mano para agarrar la comida, me acosté de vuelta y me puse a
pensar: “¿Me quiere matar?, ¿por qué siempre está conmigo?”.
Segundos después el plato salió vacío y el frío poco a poco se fue. No tengo
que decirle a nadie de su existencia, debo acostumbrarme a que esté conmigo.
Apareció cuando tenía 7 años, pero poco a poco, todos los años siguió
atormentándome, y así va a seguir.
Al día siguiente mis papás me dejaron con una niñera. Durante todo el día me
la pasé en el patio, miraba hacia mi ventana, y veía su silueta y esos ojos rojos
observándome.
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