Crisis Civilizatoria | Page 45

Género, seguridad alimentaria y cambio climático Los saberes gastronómicos y la cultura alimenticia que las mujeres han acumulado durante siglos, decisiva para cultivar el gusto por la comida casera y sana, hoy están acosados por la avalancha de publicidad, de comida rápida y alimentos chatarra. La publicidad de este tipo de alimentos potencia el cambio de hábitos y la obesidad, y ahora se dirige a las y los niños porque pueden ser un vehículo de entrada al hogar. Las grandes empresas atentan contra la autonomía familiar e individual en el consumo alimentario. Entre el acoso publicitario, la presión infantil y el cansancio de las mujeres, ese tipo de consumo gana terreno. “Oportunidades” es la principal política pública de apoyo al consumo alimentario rural. En 2012 dio cobertura a 5 millones 818 mil 954 familias (Oportunidades, 2012). El monto máximo recibido por familia era del orden de dos mil pesos mensuales. Como programa para mejorar la alimentación es un fracaso: entre 1992 y 2008 cinco millones de personas se sumaron a la pobreza alimentaria; en el medio rural incluye al 32% de la población (Yunez y Stabridis, 2011:10-11). No incluye ninguna medida relacionada con cambio climático y tampoco apunta a eliminar la desigualdad de género en la familia o la comunidad, pues si bien las mujeres son las receptoras de los recursos, éstos están destinados a cubrir necesidades de la familia y están condicionados a que ellas asistan a pláticas de medicina preventiva, se realicen exámenes médicos no siempre informados previamente o consentidos por ellas, vigilen que sus hijos/as vayan a la escuela, hagan faenas comunitarias en espacios públicos y hasta privados o religiosos, extendiendo así el trabajo femenino sin remuneración a la comunidad. El programa no fortalece la autonomía y capacidad de decisión de las mujeres sino su posición subordinada y los roles tradicionales de género pues libera a los hombres del cuidado del otro en la familia. Esto dificulta que la ética del cuidado se convierta en un valor y una práctica compartida y recíproca; por el contrario, se manifiesta como un factor que refuerza la inequidad de género y perpetúa la injusticia en el ámbito familiar; divide y pone a competir a mujeres por un recurso público que casi todas las familias rurales necesitan, refuerza salidas individuales ante problemas sociales (ninguna transferencia se usa colectivamente) y es un medio para el control personal y social de las mujeres (Espinosa, 2011). El solar: fuente de alimentos y biodiversidad Las mujeres sabemos que si hay cilantro, chayotes, retoños de guía de calabaza, chile, epazote, quelites… podemos preparar comida del gusto familiar: un chipolzontle, un molito de verduras, tamales de frijol, guisados y sopas. Con las frutas se preparan aguas frescas y se complementa la comida (Guichicovi, Oaxaca). 43